jueves, 25 de diciembre de 2008

¡Feliz Navidad y próspero año nuevo!

¡¡FELIZ NAVIDAD 2008 Y PRÓSPERO AÑO 2009!!


Francisco navideño


Y para celebrar esta señalada ocasión, dejo que mi buen amigo Francisco, al que adopté del New England Aquarium, en Boston, os desee feliz Navidad, felices comilonas (sin demasiados excesos) y un feliz y crisis-free año 2009.

HAPPY HOLIDAYS!!!

JOYEUX NOËL!!!

FROHE WEIHNACHTEN!!!


Julia

[Retoques fotográficos cortesía de Ana]

sábado, 27 de septiembre de 2008

Un recuerdo sobre galletas de chocolate...

Hace mucho que no digo esta boca es mía y es que estoy pasando una mala época por culpa del estrés que me está produciendo una traducción con la que llevo todo el verano y que he detestado desde el primer día que empecé a traducir... Pero prefiero callar, éste no sitio para quejarse de estas cosas.

Hoy me he decidido a poner un pequeño postito después de tanto tiempo (pensando incluso en cerrar el chiringuito... No sé porqué será que a todos nos entra la bajona en esta época) porque de repente, mientras escuchaba de pasada lo que decían en el telediario, he recordado que estando en Arizona, una vez compramos en nuestro supermercado ecológico unas galletas Newman's Own tipo Oreo...

La verdad es que las galletas no estaban demasiado buenas, sabían un poco a corcho: me encantan las cookies americanas tradicionales, pero acabamos de las Oreo y las Chips Ahoy y similares un poco hasta el moño en Arizona, pero me pareció muy gracioso ver a Paul Newman junto con su hija Nell en el paquete, ataviados ambos como auténticos granjeros.



Hoy ha muerto Paul Newman de cáncer de pulmón a los 83 años... Da pena pensar en toda esa generación de grandes estrellas de Hollywood que poco a poco empezará a desaparecer... Y lo malo es que no habrá nadie de su talla para replazarlos.

martes, 2 de septiembre de 2008

¡¡Vuelta a los Estates!!

Brevemente: Después de todo este estresante mes en silencio, que sepáis que mi rodilla por fin está prácticamente recuperada, que me he pasado el mes trabajando como una bestia (que, en mi caso, el mero hecho de tener trabajo puede ser una bendición, pero que a la larga, acaba siendo todo lo contrario) y que ya hacía tiempo (casi ya vamos para medio año) que necesitaba unas vacaciones, por eso, cierta musiquita empieza a rondarme la cabeza, y me encuentro cantando a voz en grito "The Jet Song", "Tonight" o "America", porque aunque pueda parecer extraño:


Esta vez, a descubrir esa costa este que todos aseguran que es tan diferente de la Arizona profunda... ¡¡Ya os lo contaré!!

¿Qué a dónde vamos?, me preguntáis...

Pues... Aquí:



Aquí:



Y con suerte, por cortesía copepodiana, aquí:


¡¡Hasta muy pronto!!

[Fotos: 1) Escena de West Side Story, Rita Moreno canta America, 2) El barrio de Tribeca en Manhattan, 3) Un edificio de la Universidad de Harvard, que vamos a Boston... Y bueno, más que Harvard, visitaremos el MIT... ¡¡¡Y el despacho de Chomsky!!! ¿Verdad, César?, 4) Los bosques de Connecticut, que pronto serán tomados por una colonia de copépodos].

miércoles, 30 de julio de 2008

I'm tryin to make me go to rehab...


(Menos mal que mi rehabilitación nada tiene que ver con la de Amy Winehouse... Por cierto, pobrecilla: está pochísima y no hace más que salir y entrar del hospital).

De hecho, yo ni siquiera digo "¡NO, NO, NO!", sino que acudir a rehabilitación se ha convertido en una rutina, que me encantaría abandonar, no os creáis, pero que es mucho menos traumática de lo que yo me esperaba.

En fin, dejé la historia de la rodilla justo cuando el médico rehabilitador me recetó las famosas quince sesiones de rehabilitación, que al final se van a quedar cortas, porque mi peaso de esguince se resiste...

Como ya os conté que todos estos días, diariamente he estado bajando a rehabilitación al Centro Médico Carpetana.


Tengo que confesar que el primer día bajé con mucho miedo (Pablo vino a acompañarme, como a los niños el primer día de guardería) ante lo desconocido, porque vista la afición que tienen los traumatólogos de brazos musculosos y velludos a retorcerme la rodilla, me sentía más bien aprensiva...

Por suerte, Puri, mi fisioterapeuta (a la que podéis ver acompañándome en la foto más abajo), no tiene los brazos musculosos y velludos, aunque sé que se decepcionará si digo que no me hace daño (aunque sea un poquito). En fin, pa que vamos a mentir: hay momentos en los que se me saltan las lágrimas de dolor, pero bueno, ahora, después de casi quince días poniéndome en sus manos, ya voy mucho más relajada, porque sé lo que me espera y sé qué movimientos me hacen más pupita... Además, las sesiones se me hacen mucho más amenas porque Puri me da mucha conversación (hablamos de literatura sobre todo, le cuento lo que estoy traduciendo y ella me habla sobre lo que ha leído, lo que le pasan de la ONCE -Puri, espero que aunque esto no puedas leerlo, te lo lean, va dedicado ;-))-), cosa que me hace olvidar un poco la tortura que me está infligiendo...

Tanto Loli (que está en recepción), como los demás fisioterapeutas son también muy majos y su trabajo no os creáis que es nada fácil: las abuelas carabancheleras muchas veces no son pacientes nada fáciles... Mira que yo soy quejica, pero algunos de los ancianos -y sobre todo las no tan ancianas- se ponen a veces demasiado maleducados e insoportables... ¡A veces montan cada escenita porque no les atienden exactamente cuando y como a ellos les apetece!

Aparte de los masajes, me dan microondas y corrientes. Para eso es imprescindible llevar a mano un libro, porque toca estar 10 minutos + 10 minutos con la rodilla en alto y se hace muy aburrido sin algo que leer a mano. Durante esta última semana he estado leyendo un thriller de un tipo yanqui-patriotero que no me ha gustado demasiado (era por encargo, ésa es la disculpa) y ahora he vuelto a los Relatos de lo inesperado (Tales of the unexpected) de Roald Dahl, que me encanta...

En fin, que me desvío del tema: la electroterapia por microondas es simplemente un aparato con un brazo que termina en forma cónica y que desprende un calorcito agradable (en principio, debería llegar antes de la hora del masaje para ponérmelo y que cuando me toque con Puri ya tenga la rodilla calentada al microondas pa que le cueste menos poner en marcha los engranajes, pero a veces voy con el tiempo justo...) y la electroterapia por corrientes consiste en un par de electrodos que me los colocan a los dos lados de la rodilla untados en un gel conductor pringosísimo y yo me subo el amperaje todo lo que aguanto, durante diez minutos. Además, debería hacer una tabla de ejercicios para recuperar el movimiento de la rodilla, pero como todavía estoy tan pata-palo, aún no los he hecho ningún día.

Lo malo (por lo menos para mí) es que Puri, Loli y la mayoría de sus compañeros se van de vacaciones este viernes día uno y a partir de entonces, me cambian de fisioterapeuta, pero sé que voy a echar de menos a la gente que hay ahora, ¡igual que echo de menos tener una rodilla de tamaño normal! (o sea, mucho).

En fin, la cosa continúa, porque mañana jueves vuelvo a visitar al médico rehabilitador (bueno, voy a ver a otro, porque el que me atendió la primera vez está de vacaciones) para que me extienda las visitas... Calculo yo que otros quince días más como mínimo, porque la cosa avanza más bien poco...

Y a ver si hay suerte y mejoro con rapidez, porque estamos acariciando la idea de cruzar el charco de nuevo, ¡para visitar a la fauna (copépodos & co. incluidos) y flora (bueno, no sé si los que trabajan en el MIT se les puede considerar flora, ¿César?) de Nueva Inglaterra!


[Fotos: 1) Amy Winehouse, cuando todavía acudía a rehabilitación de la suya, 2) Amy Winehouse por mi admirado Carlös Areces en Los Klamstein, 3) Entrada en la calle de la Oca de la rehabilitación del Centro Médico Carpetana, 4) ¡Si a alguien le parece que esto no podría ser perfectamente una jaula de cualquier cámara de tortura medieval, que levante la mano!, 5) Esas son las camillas en las que Puri me retuerce la rodilla, 6) Alcachofa de las microondas, 7) Electrodos puestos en mi mismita rodilla -sí, esa, la que no funciona ni a la de tres- ¿habéis visto lo flojucho que tengo el cuádriceps?, 8) Puri y yo -Foto tomada por Elías-, a juzgar por mi sonrisa, parece que esté allí de fiesta... Es porque Puri me trata bien, aunque lo que me hace a veces es una verdadera tortura].


miércoles, 23 de julio de 2008

La odisea médica

Cuando llegué a Madrid, mi padre había pedido cita para traumatología, pero me habían dado para una semana después, tiempo que no podía esperar sin saber si tenía algo roto, así que esto fue lo que hicimos:


1º Ir a Urgencias en la Clínica Virgen del Mar. Fue bastante rápido, porque ni siquiera me reconocieron. La médico leyó detenidamente el informe de los suizos (que una servidora había traducido, aquí, con sus manitas) y me mandó una resonancia magnética y me extendió una receta para más inyecciones de heparina (y yo que me hacía ilusiones de que no me recetarían más...). Luego resultó que las inyecciones que me había recetado eran gordísimas (de 60 mg en lugar de 20 mg, que eran las que me había estado poniendo hasta entonces) y no he llegado a ponérmelas, ¡ahí ya sí que me daba aprensión pincharme esos peaso de cilindros!

2º Como ya os dije en el post anterior, mi padre que es muy efectivo, sabía dónde había que ir para que me hicieran rápidamente la RMN, así que ese mismo día, después de urgencias, fuimos a pedir cita a Nuestra Señora del Rosario. Dio la casualidad de que tenían un hueco al día siguiente y allá que nos fuimos.

Pues eso, al día siguiente después de esperar un montón, me metieron en el tubo de la resonancia. Dio la casualidad de que me fui en chándal, así que no tuve ni que desvestirme (sólo quitarme el sujetador, las gafas y la férula, que eso sí que tiene metal). Sólo me habían hecho antes una resonancia cervical, cuando tenía 12 años, y tengo que reconocer que preferí ésta, porque te meten con los pies hacia el fondo del agujero y aunque la cabeza también la tienes metida dentro del tubo, no resulta tan claustrofóbico como al revés.

3º A la semana siguiente (para que os situéis, fue un par de días después de que terminara la Eurocopa) yo estaba bastante desanimada, porque durante el fin de semana me había estado doliendo bastante... Ya me estaba viendo con el menisco roto y todo lo que eso significaba... El martes tocaba despedir a mi hermana Ana, que se iba a Irlanda, y antes pasamos a recoger los resultados de la resonancia (son chulas las fotos ¿verdad? me dieron un CD con todas dentro, "¡directas al blog!", eso fue lo primero que pensé). Por fin me enteré de las buenas noticias: ¡ni meniscos ni ligamentos rotos! Literalmente:

Áreas de contusión ósea en el margen posterior de la meseta tibial interna y en el margen anterior del cóndilo femoral externo.
Esguince grado II del ligamento colateral interno.


4º Después de que los demás se fueran al aeropuerto a acompañar a Ana, me quedé sola en la consulta del traumatólogo (tenía cita esa tarde). Y claro, tuve que toparme con el típico traumatólogo que da miedo: un señor mayor con unos brazos musculosos y peludos (se mire por donde se mire, eso da miedo, sobre todo si tienes un esguince de rodilla). Aquí sí, aquí me tocó quitarme la férula enseñarle la rodilla al matasanos y el tío ni corto ni perezoso me la trató de estirar y me la dobló a saco... ¡¡¡¡Ayyysss!!! ¡¡Qué dolor!! Hombre, yo la verdad es que no reaccioné demasiado bien, porque estaba más pendiente de ver dónde ponía las manitas el buen señor que de hacer lo que me pedía. Conclusión: "Guapa, no tienes ná, quítate ya la cosa ésa y sal corriendo de aquí".

5º Mmmm, después de aquéllo, no las tenía todas conmigo. Quiero decir: estaba contenta porque no tenía nada roto, pero yo no me veía echándome a correr, pa que vamos a engañarnos. Durante aquella tarde lo estuve pensando y al día siguiente, pedí cita con un traumatólogo de aquí del barrio, en la Clínica Carpetana, a la que llego andando, con muletas y todo.

Este segundo traumatólogo me vino a decir lo mismo que el primero, pero echó mejor las cuentas y me dijo que tenía que reposar un poco más: no era necesario que me echara a correr inmediatamente (todo se andará, nunca mejor dicho), mientras tanto tenía que ir a ver al médico rehabilitador.

6º Total que ya, a la semana siguiente, me fui a ver a un médico rehabilitador en Acacias (otro de estos especímenes de brazos musculosos recubiertos de vello... ¡Horreur!) que me reconoció la rodilla a distancia (me decía "mueve esto, levanta aquello"), cosa que agradecí, porque no me hubiera gustado que me pusiera la mano encima: será que soy rara, pero no me mola nada esto de que los médicos (de brazos peludos y musculosos) pretendan moverme la pierna cuando ni yo misma puedo.

Este rehabilitador me dijo lo que ya me habían dicho todos los anteriores: que tenía que ponerme con la rehabilitación, que el cuádriceps derecho lo tenía muy atrofiado de no haberlo movido en tanto tiempo y hala, arreando que es gerundio. A la consulta de éste tengo que volver cuando termine la rehabilitación... A ver si hay suerte y no me manda más sesiones...

7º Y finalmente, logré apuntarme a rehabilitación en la Clínica Carpetana, y tengo la suerte de que el servicio de rehabilitación me queda a cinco minutos de casa, ¡está al final de la calle! Pero probablemente, mis pupas en rehabilitación os las cuente en el siguiente post...


[Fotos:1) Una mesa de RMN muy parecida a donde me pusieron a mí, 2) Foto de jeringuillas de heparina, cortesía de atyourcervix.blogspot.com, 3), 4), 5), 6) y 7) Diferentes tomas de la RMN, de mi rodilla del CD que me regalaron... No sé si puedo daros más detalles: voy a mirarlo de nuevo en el CD y si encuentro algo más, lo pongo].


lunes, 21 de julio de 2008

Accidente rodillero (continuación)

Prometí que os iba a poner al día vía blog de lo que fuera pasando con mi rodilla derecha (como ya os he dicho en el post anterior, ella ya casi forma una entidad independiente... ¡Hace lo que le da la gana!), pero las cosas han sido un poco agobiantes desde que llegué a Madrid: ¡casi no he parado de trabajar! De algún modo, eso no deja de ser buena noticia, aunque a todo aquel que le digo que no he pedido la baja me ponen caras raras... Debe ser que o bien yo soy muy sufrida (o muy vaga, de no preocuparme por hacer el papeleo correspondiente) o la gente está muy acomodada (o son muy apañaos, y sí se ponen manos a la obra con la burocracia)...

En fin, después de mis dos (1 & 2) pequeños incisos futboleros (imprescindibles, por otra parte), me he enterado porque muchos de vosotros me lo habéis dicho, que os impresioné con la foto de las dos rodillas... Supongo que para cuando esté curada definitivamente, tendré que hacérmela de nuevo, para demostrar que sí era lo que parecía...

Había dejado el hilo de los acontecimientos en Basilea, yo yendo de aquí para allá, en tranvía o a pata, con las muletas alquiladas en la farmacia (todos los suizos me ponían cara de pena al decirme que no podían dármelas de gratis porque no vivía allí... Parecía que casi les daba pena que no lo hiciera, jeje). Terminó el trabajo y yo me quedé allí incluso durante los cuartos de final de la Eurocopa, porque así es como lo había planeado en un principio, porque ¡pretendía hacer turismo durante ese último fin de semana! Después de aquel fin de semana, por fin tocó poner rumbo a Madrid de nuevo. Yo estaba un poco nerviosa por el viaje (¡menos mal que no iba sola! De haberlo tenido que hacer sola, no sé si habría podido...), porque no sabía cómo iba a manejarme (sobre todo porque tenía que dejar las muletas a Carlos para que las devolviera él), pero al final no fue la cosa tan estresante. Antes de ponernos en marcha, tomamos el café con Zach y Emma, que acababan de salir de su clase de alemán y ni siquiera me dio tiempo de despedirme de Carlos, porque le pusieron una reunión sorpresa de última hora y nos marchamos justo cuando él nos estaba buscando porque acababa de salir. En cualquier caso, cogimos el autobús para el aeropuerto de Basel y, al llegar, los de Easyjet no nos pusieron ningún problema, cosa que me sorprendió muy positivamente. Yo pensaba que iba a tener que sacar allí todos los papeles del hospital, radiografía incluida y ¡qué va! En cuanto les expliqué el asunto, me hicieron facturar rápidamente y me dijeron dónde tenía que esperar al empleado del aeropuerto que me llevaría en silla de ruedas hasta la puerta de embarque.

El tipo tardó un poquillo, pero me vino muy bien que me pasara el control de policía (lo único es que una francesa enorme tuvo que cachearme, pero lo hizo con mucha delicadeza) y me llevara hasta la puerta. También tenía miedo de cómo me las apañaría con la marabunta que siempre se forma en las puertas de embarque e Easyjet (como sabéis, no hay asientos asignados, así que consiste en a ver quién llega antes y se puede sentar). Por suerte, a mí me dejaron subir la primera y me senté en la primera línea, que tiene más hueco pa las piernas.

El problema, cómo no, surgió una vez llegamos a Madrid, porque los de Barajas se hicieron los locos cuando los de nuestro vuelo les dijeron por radio que necesitaban una silla de ruedas y el resultado fue que me pasé esperando dentro del avión después de aterrizar casi media hora. Las azafatas fueron muy amables en todo momento, pero al final me tuvieron que pedir que saliera andando ¡porque tenían que volar de vuelta a Basilea! La tipa malcarada que vino a recogerme con la silla de ruedas encima empezó a despotricar contra la compañía aérea, ¡incluso diciéndome que debería denunciarles por no haberles avisado a ellos!

Por suerte, fuera nos estaban esperando mis padres con las muletas de mi hermano, que me han acompañado desde entonces, aunque ahora las saco de paseo por turnos, porque ya voy sólo con una.

A partir de aquel momento, empezó la odisea de médicos, que no ha sido demasiado traumática en parte gracias al seguro de Sanitas y en parte gracias a la efectividad de mi padre con estos temas y que os cuento en el próximo post.

[Fotos: 1) La accidentá en el aeropuerto: no os imagináis lo bien que funcionó la táctica de ponerse la camiseta de Suiza para volar. A los suizos les molaba verme con la banderita. Aparte de todo, me compré la camiseta porque me mola ese color rojo tan intenso: pareces de la Cruz Roja, sólo que al revés, 2) Zach y Emma en el restaurante italiano, foto cortesía de Olga, 3) Lo que se veía desde mi asiento del avión... Todavía se veía el cartelito del aeropuerto, 4) Pista de aterrizaje ¡a punto de despegar!, 5) Las muletas de mi hermano... Por lo visto, se llaman Paulina y Pamela... Yo no sé si sus tocayas serán iguales, pero mis acompañantes son más bien torpes: ¡se caen todo el rato al suelo y entorpecen el paso de todo el mundo!].


domingo, 13 de julio de 2008

Pudimos

El año que España ganó la Eurocopa, yo estuve allí.


Vale, vale, no estuve en Viena ni en ese Innsbruck que los anuncios de Cuatro gritaban a todo pulmón, está claro, pero estuve en el meollo eurocopero, en Basilea, a sólo unas manzanas del estadio de Saint Jacob Park, donde cayó Suiza y también Turquía, ante esa Alemania a la que ganamos ayer con todas las de la ley. El anuncio de Cuatro decía "PODEMOS" (más de uno estará hasta el moño de escucharlo), pues sí: PUDIMOS.

Y es que mientras el otro día después de la victoria me tragaba todos los especiales que ponían por la tele sobre nuestro triunfo futbolero, esta pensando, como ya os dije en mi anterior post, que mi estancia basilea ha estado indefectiblemente marcada por esta Eurocopa, hasta el punto de que me he venido de Suiza con una lesión que cualquiera de los cracks de la Selección hubieran deplorado mucho más que yo: un esguince de rodilla (lo sé, lo séeeee, es mejor que tener el menisco roto, claro que sí).

Parece mentira que ya lleváramos dos semanas en Basilea cuando arrancó la Eurocopa, con aquel partido Suiza-Republica Checa (en la que, fíjate tú, casualidades de la vida, Alexander Frei, el capitán del equipo helvético, se lesionó la rodilla izquierda ¡rotura del ligamento interno!...), yo recibía visita ese fin de semana y Alba había venido a Basel desde Frankfurt... A partir de aquel momento, todo lo que hicimos estuvo marcado por la programación de los partidos: todo empezó el día en que nos reunimos en el McGuiness's cuatro gatos para ver el partido (bueno, vale, éramos más de cuatro: dos españoles y medio, un canadiense y medio, dos americanos, un suizo y un alemán animando a España... ¿Aquéllo era un chiste, o qué era?) y nos bebimos unas cuantas cervezas a la salud del guaje Villa, rodeados por unos pocos españoles solitarios en las mesas individuales, un grupo de italianos disfrazados de españoles (con banderas y boinas) y un grupo de suecas que se aposentó allí para verse el siguiente partido...



Apenas puedo recordar el resto que cosas que me han pasado en Basilea sin que lleven asociado, como si de un apellido se tratase, alguno de los partidos eurocoperos: como el día que fuimos a comer piadina con Chiara y Claudia, y los hinchas suizos habían vuelto a tomar la ciudad vestidos de rojo y se paseaban por las calles mientras meneaban enormes cencerros de vaca y hacían todo el ruido posible... O al día siguiente, cuando Croacia ganó a Alemania, que los croatas salieron pitando con sus coches, casi sin poder creerse su victoria...

O finalmente, mi noche aciaga y también la de Italia y Francia, los unos porque empataron con Rumanía después del 3 a 0 que les había metido Holanda y los otros porque perdieron 4 a 1 contra la naranja mecánica, que parecía imparable... Como digo, esa noche me caí, y después del accidente rodillero, casi recuerdo aún mejor los partidos siguientes, porque la vida en Basel para mí se ralentizó indefectiblemente... No creo que pueda olvidar último gol de Villa, mientras la farmacéutica me ajustaba las muletas (y gracias a que los basileos se habían tomado muy en serio lo de la Eurocopa y la farmacia tenía una enorme pantalla plana)... El de Torres también me gustó, pero ése lo vi en las repeticiones del partido, tranquilamente después, con la pata en alto... También me acuerdo del Francia-Italia, que decidió que serían los italianos nuestros rivales y, por supuesto, el Grecia-España, que aderezamos con una deliciosa lasaña preparada por Zach y unas partidillas de futbolín, que ganó todas Carlos (¡yo hacía miles de años que no jugaba, tampoco era tanto mérito ganarme!)...

Los cuartos, los vimos todos (salvo el Croacia-Turquía, que lo vivimos como si lo estuviéramos viendo porque estábamos cenando en el Biergarten de los carbonara, que lo regenta una familia turca), desde el Portugal-Alemania, que lo vi un poco distraída, porque estaba esperando a que llegara mi segunda visita (que no se perdió y supo llegar perfectamente sin ayuda) y por supuesto, el Holanda-Rusia (los holandeses jugaron muy descentrados... Casi parecía que lo estaban haciendo a propósito) y el España-Italia, del que ya os he hablado.

Ya de vuelta en Madrid, no quedaba otra: había que seguir pendientes de lo que le pasaría a nuestra selección y yo ya entonces decía que sería casi de justicia que ganaran la Eurocopa, aunque fuera para compensar lo de mi rodilla maldita... Al Alemania-Turquía, de nuevo, no le presté mucha atención, porque estaba más pendiente de la accidentá: ese día fue a hacerme una resonancia (de la que os tengo que poner fotos... ¡hombre! ¡claro! ¿de verdad creíais que os íbais a salvar?). El jueves, Pablo se cabreó porque hubiera querido ir a la Bicicrítica, que estaba programada exactamente a la misma hora que la semifinal española... ¡¡¡La elección estaba clara!!! Yo lo pasé muy mal durante la primera parte, aunque claro, como todos los demás (que no fueran rusos), disfruté la segunda como una enana... ¡Aquéllo prometía! Sobre todo porque los periodistas, sobre todo los de Cuatro, que se pasaban de optimistas, ya auguraban que íbamos a torear a los alemanes...

Y finalmente, la cosa no fue pa tanto, sobre todo porque los alemanes, con Ballack a la cabeza, más que toros, parecían búfalos. Mi rodilla, que parece haber adquirido vida propia, sobre todo cuando algo le da repelús, sufrió de lo lindo hasta casi los últimos diez minutos finales, en los que nos convencimos de que, por mucho de que los alemanes hicieran gala de su potra habitual y colaran su proverbial gol-de-último-minuto, nada les salvaría, porque aquellos torreones de tíos estaban más cansados que los chiquititos españoles.


Sí, sí, de alguna manera, mi rodilla ha sufrido algo así como una compensación... ¡Aunque la cosa no podía terminarse así! ¿A quién arrebató la copa de Wimbledon nuestro Nadal el domingo siguiente, impidiéndole conseguir su sexto título consecutivo? (Ays, qué mal lo pasó la rodilla con éste también...)


¡¡¡¡Al basileo!!!!

[Fotos: 1) Logotipo de Google al día siguiente de la final, 2) Manteo de Luis Aragonés en Colón, 3) El pobre Frei después de lesionarse, 4) Vídeo de la estación de Basel antes del primer partido, con los reventas por allí campando, 5) Los hinchas suizos y sus cencerros, 6) Un par de piadinas, 7) La recepción del Gundeli en vísperas del primer partido de Suiza con Carmen escondiéndose detrás de la bandera, 8) Ballack y su ceño fruncido, 9) Torres, a punto de marcar el gol que sentenciaría el partido, 10) La selección, como loca en Colón... ¡Parecía que les había entrado el baile de San Vito!, 11) Nadal, enorme, zampándose la copa de Wimbledon].



miércoles, 25 de junio de 2008

Patapum al grandote

Antes de seguir contándoos mis desgracias y enfermedades, me gustaría poneros una nota de color (rojo y amarillo) y hablar, sin que sirva de precedente, de fútbol...


Y es que el fútbol, junto con el trabajo y la rodilla, ha sido una de las constantes de mi estancia en Basilea... Mi intención inicial era hablaros de cositas históricas de Basilea, rollos turísticos y tonterías sobre las manías culturales de los suizos, pero va a ser difícil que os hable de todo eso, porque hice más turismo el año pasado, cuando fui a visitar a Alba un fin de semana, que éste, que me he pasado todo el mes en Basilea.

Y es que los suizos se han tomado realmente en serio lo del año futbolero: Todas las tiendas de comestibles tenían cosas con forma de balones de fútbol: bombones, tabletas de chocolate, bollitos de pan, etc... Todos los escaparates tenían banderolas, camisetas y guirnaldas, y en casi todas las fachadas de los edificios, no faltaban las banderas que colgaban los vecinos en sus balcones... Y algo que llamaba especialmente la atención es que la ciudad se ha transformado para convertirse en unos enormes alrededores de campo de fútbol: todo lleno de lavabos portátiles, tenderetes y fan zones con gigantescos escenarios que se erguían en los lugares más insospechados (el peor, el que ocupaba por completo la plaza de la catedral de Basel, que la afeaba y empequeñecía...).

Esto ha hecho que nuestra agenda se haya visto influida totalmente por los partidos programados ¡cómo no podía ser de otra manera! Reconozco que yo no soy especialmente futbolera, pero esto de la Eurocopa es como las olimpiadas... ¡Uno se traga por la tele hasta las emisiones de deportes más insospechados! (quizás lo que más se resiste es la hípica, pero todo lo demás, cae). Además, se ve a la gente de buen rollo, emocionada, confraternizando con los contrarios, pasándoselo bien y cantando canciones en idiomas que no conocen pero que suenan la mar de bien como cánticos balompédicos... En fin, que en general, ha sido divertido.

Y claro, nos reunimos con Carlos para ver el histórico y agobiante partido del domingo pasado (de hecho, íbamos a ser muchos más, pero la sección italiana fue la primera en rajarse)... Pasamos mucho calor, porque los suizos no conocen el concepto de aire acondicionado y hacía un calorcete asfixiante... Pero mis acompañantes sufrieron como el que más, ¿a que sí? Y eso que la táctica de ataque de los italianos se resumía en ese "patapum al grandote", que era ese Luca Toni que siempre trataba de cabecear todos los balones (la duda que teníamos era si le hubiera tocado tirar algún penalti... ¿le habría dado también de cabeza?)... Aunque hay que reconocer que la defensa italiana fue perfecta...

Llegados los penaltis, nos dimos cuenta de que había muchos más seguidores de España de lo que parecía a priori (al principio, todos nos parecían italianos) ¡y la emoción era enorme cuando Casillas paraba penaltis y Cesc Fábregas metió su golazo!

Por lo que se oye aquí en España, no se vieron las celebraciones de los jugadores de este último penalti, porque Cuatro se fue a publicidad automáticamente. Después de ver ayer el Alemania-Turquía, tengo que decir que los comentaristas de Cuatro son sencillamente insoportables: incultos, supersticiosos, infantiles, vocingleros... ¡prefiero a los suizos, que al menos, les entendía poco!

¡Ya sabes, Carlos! ¡Lo prometido es deuda! ¡Te toca comprarte la camiseta de la selección para la recta final! ;-)



Fotos: 1) El Eoipso justo al acabar el partido (en la pantalla podéis ver a Senna y a Arbeloa abrazándose emocionaos)... Los italianos se retiraron con el rabo entre las piernas, 2) Fussball brot, 3) Pelotitas de chocolate, 4) El grandote al que pasaban los italianos todos los balones... el tío no aprovechó ni una, 5) Los nuestros, contentísimos.


martes, 24 de junio de 2008

Agudeza visual

Ya de vuelta en Madrid, con un concierto en do menor de martillazos y taladradoras a mi alrededor (efectivamente, era exactamente TAN malo como Pablo decía... Qué ruido más insoportable), tengo una foto que me hice la semana pasada para mostraros, en un alarde de exhibicionismo chungo, mi "nueva" pierna en todo su esplendor...


Entonces, la pregunta es: ¿Cuál es la pierna accidentá? (La respuesta correcta no es fácil, dado que la rodilla buena ya llevaba unos días de aguantar todo el peso de mi cuerpo... Hasta me he tenido que comprar una rodillera pa la buena, pa no tener descoyuntadas las dos).

Y mañana, después de hacerme una resonancia... ¡os escribo la segunda parte del accidente rodillero!

lunes, 16 de junio de 2008

Accidente rodillero

Está claro que esta estancia mía en Basilea está siendo todo menos tranquila… Y como estamos en plena vorágine futbolística, lo que más pegaba es que me lesionara de la rodilla (bien podría no haber pasado, pero aquí estamos… Qué se le va a hacer…).

En fin, después de pasar la tarde presenciando las miserias de Italia, con su empate a uno con Rumanía, por un lado (apoyando a Maria y a Chiara, que se habían vestido para la ocasión) y de Francia por el otro, con el terrible 4-1 a favor de Holanda, quisimos seguir la noche en Aqua, un local del que he estado oyendo hablar casi desde que llegué aquí y que a las congregaciones italiana y francesa les encanta… Total, que para allá que nos fuimos Carlos, Maria, Chiara (a la que en el último minuto convencimos para que se tomara con nosotros la última copa antes de irse a hacer la maleta, porque se iba al día siguiente) y yo.

Lo que sucedió después no lo recuerdo bien (eso mismo les dije a los médicos, que me miraban con cara de incredulidad… La estudiante de medicina de turno llegó a preguntarme si había bebido y cuando le dije que no, me miró con aún más cara de incredulidad ¡¡¡¡que no!!!!, ¡¡¡¡que no estaba borracha!!!! ¡¡¡Me había bebido una cerveza hacía por lo menos tres horas!!!)… Sólo sé que en el momento exacto, Carlos me estaba describiendo una escena de Trainspotting (después de esto, debería verla enterita…) y un segundo después, lo único que recuerdo es un dolor intensísimo en la rodilla (como si me hubiera dado un giro de 180º) y que mi cabeza se apoyaba en la tierra húmeda… Después, todo se convirtió en un torbellino: todos hablando a mi alrededor, gente que preguntaba qué pasaba, Maria, que se iba corriendo a parar un taxi… Aún tardé un poquillo en sentarme y entonces, mientras yo me mareaba cosa mala, unas estudiantes de enfermería muy simpáticas me estuvieron mirando la rodilla y me dieron agua (con gas… En aquellos momentos no fui lo suficientemente rápida como para decirles que no…). Al cabo de un rato, Carlos y Chiara me ayudaron a levantarme del suelo (¡suerte que no tuvisteis que llevarme en brazos a ninguna parte, ¡porque os hubierais herniado!) y, después de despedirnos de Maria, a la que dejamos con cara mezcla de preocupación y de sorpresa, nos montamos en el taxi que nos estaba esperando y nos dirigimos a LA farmacia de guardia de Basel (convenientemente situada frente a las Urgencias del hospital del cantón). Me dio la sensación de que el taxi daba veinte mil vueltas para llegar hasta allí (supongo que también se me hizo largo porque me dolía horrores la rodilla y porque aún tenía el miedito/tembleque en el cuerpo)… Chiara cogió estupendamente las riendas de la situación y fue ella la que entró en la farmacia, departió con la dependienta y salió con una colección de vendas, cremas antinflamatorias, etc., para mi dolorida rodilla.

A continuación, nos dirigimos a casa de Carlos (mmm, ya sabéis, ya os lo he dicho: si antes era uno de los mejores anfitriones ahora ha pasado a ser EL anfitrión de oro), porque no me sentía yo como para quedarme a solas con aquel monstruo de rodilla que se me estaba poniendo (y con el tembleque que aún tenía en el cuerpo). Al llegar allí, envié a Chiara de vuelta a casa, a hacer su maleta… Sé que, si por ella hubiera sido, habría perdido el avión del día siguiente para quedarse conmigo… ¡Y yo eso sí que no habría podido perdonármelo! ¡Ya les monté suficiente numerito tal cual!

Después de subir las escaleras (nunca se me habían hecho tan largas… No quiero ni pensar lo que va a ser cuando esté de vuelta en Carabanchel… Supongo que tendré que enclaustrarme en casa…) ya sí que me dio el bajón total (estaréis pensando que soy una flojucha), pero después de una valeriana y una tilita, se me pasó un poco… También me alivió colocarme una de las curiosas vendas que me había comprado Chiara, que estaba como embadurnada de Vicks Vaporub y me alivió un poquillo el maldito dolor… Después de poner al corriente a Pablo, que se quedó asustao; Carlos y yo nos pasamos un buen rato viendo la vía del Bonn-Berlín (resulta que aquí hay un par de cadenas de tele que, a partir de cierta hora, ponen pececillos de colores, troncos crepitantes en una chimenea o lo que se ve desde la máquina de un tren en un trayecto determinado para ayudar a los insomnes a conciliar el sueño) y luego, a tratar de dormir, cosa bastante imposible porque ya no sabía cómo colocar la maldita pierna pa que no me apretara, presionara o pinchara el maldito huevo de paloma en que se había convertido mi rodilla…

Si hubiera estado mejor a la mañana siguiente, habría pasado de ir al médico, pero la condenada seguía hinchada y doliéndome un montón cuando trataba de cojear, así que decidí meterme en camisa de once varas y llamar a Sanitas ¡con el rollo que es esto de los seguros médicos en el extranjero! De nuevo, de no ser por los teléfonos e internetes de Carlos, habría estado bastante perdida, porque donde nos alojamos (apenas un par de manzanas más al este… Querría haberos contado algo de mi humilde cuartito en el Gundeli Appartementhaus, pero es más jugosa la historia de la rodilla… Casi tanto como esta otra…) no hay ni teléfono, ni internet, ni tan siquiera recepcionistas los fines de semana…

Lo bueno es que, al contrario de lo que me ocurrió hace ya varios años en Estrasburgo, el personal de Sanitas resolvió rápidamente la situación y al cabo de unos minutos, me estaban llamando para decirme que lo habían arreglado todo para que pudiera ir al Kantospital (el hospital universitario frente al que estaba la farmacia del día anterior) y me hicieran una radiografía.

Después de unas cuantas escenas que os ahorraré (como por ejemplo, mi periplo para encaramarme en la bañera o el paseo hasta la parada del tranvía como si fuera el jorobado de Notre Dame), hicimos trasbordo en la plaza de la estación, donde nos encontramos con Olga, que se vino con nosotros, y otro trasbordo más ¿cerca de Elisabethenstrasse? (no me estaba enterando demasiado del camino) por parada técnica telefónica y de abastecimiento y finalmente, llegamos al hospital en el sábado más soleado y caluroso de todos los días que llevamos en Basilea (que tiene narices la cosa, la verdad).

Por fin, entramos por la puerta de automóviles de urgencias (más que nada por ser originales, ché), me tomaron los datos en admisión (con preguntas como si estaba casada o qué religión profesaba, jeje) y nos dispusimos a echarle paciencia… Por fin, me llamaron y Carlos se fue, porque había quedado con los colegas (también ahí me habría sentido terriblemente culpable de haberle arruinado la juerga, ¡después de la okupación de su casa!). Primero un ATS me hizo contarle qué me había pasado (aquélla fue la primera de unas cuantas veces), me tomó la tensión y me dio un par de ibuprofenos. Luego Olga y yo volvimos a la sala de espera otro rato a esperar a que me llamara la médico, en particular, una delgadita y rubia estudianta de medicina, que me estrechó la mano vigorosamente al verme.

Nos condujo hasta uno de los boxes y me hizo quitarme los pantalones y tumbarme en la camilla… Ahí fue donde empezó la retahíla de explicaciones (con pregunta sobre alcohol incluida, jeje) y reconocimientos de mi rodilla (ésta fue la que me hizo más daño… Cuando trató de torcerla en lateral, por poco la agarro del cuello… Incluso a Olga, que estaba presenciando el proceso, le dolió). Me enviaron fuera de Urgencias a hacerme una radiografía (más quitarse y ponerse los pantalones y más posturas incómodas), que sólo tardó en salir del horno lo que yo tardé en volver a ponerme los zapatos –no es fácil sin poder doblar la rodilla, leñe-, de vuelta al box y otra vez la superiora de la estudiante me hizo relatarle toda la historia y otra vez me toqueteó la rodilla (ésta era la típica germana con cara decidida… Antes de que tratara de retorcérmela lateralmente, la paré de un grito), le mencionó algo sobre mi menisco a la otra en suizo y ambas se largaron, prometiendo que volverían con su jefe…

Tardaron bastante en volver, tanto que el partido de España ya llevaba casi una hora cuando vinieron con el jefe del servicio (por lo menos, nos enteramos del primer gol por Chiara, que le envió un mensaje a Olga) y yo hasta me había quedado traspuesta en la camilla. Volví a tener que contarle todo el rollo, volvió a toquetearme la rodilla (a éste no le dejé ni intentar lo del giro lateral) y finalmente nos dijo que puede que tenga sobreextensión de ligamentos y algo de menisco, pero que con la rodilla como un balón de fútbol era difícil saberlo, que me iban a colocar una férula y me recetó una ristra de drogas (entre otras cosas, me tengo que meter un chute de heparina todas las noches para no tener trombosis por tener la rodilla tan inmovilizada… Qué previsores, estos suizos… Nunca me habían recetado nada similar…).

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Por fin, salimos de allí con férula incluida (por encima del pantalón, pa llamar más la atención, si cabe) a la famosa farmacia de enfrente. Lo bueno es que tenían una tele enorme, así que pudimos ver prácticamente toda la segunda parte del partido contra Suecia (partido cuya repetición estoy viendo ahora mismo: grandísimo gol, el de Villa) mientras me preparaban los medicamentos y las muletas (sí, sí, para colmo de aparatosidad, también tengo que llevar muletas)…


Ya a eso de las ocho estábamos de vuelta en el tranvía, todavía con una tarde preciosa y una temperatura muy agradable. Como entonces me encontraba mucho mejor y tenía un hambre canina, nos dirigimos al Biergarten de los carbonara, a meternos un buen par de ídem entre pecho y espalda… Después ya nos volvimos a casita, al Gundeli Appartmenthaus, y Olga me ayudó a acomodarme, ya con la férula por dentro del pantalón que se resbala menos…

En fin, y así he estado desde entonces, aunque mañana sí me voy a trabajar, aunque vaya a ser toda una odisea llegar hasta allí, no creo que pueda estar encerrada mucho más tiempo… Por lo menos, Chiara ha llegado a Bolonia, aunque se fuera con el susto, Carlos se pudo ir de fiesta ayer, a pesar del cansancio por el accidente, y a Olga sencillamente le he amargado el fin de semana, aunque estoy tratando de ser buena enferma…

¡No diréis que no os cuento historietas! ¿eh?


[Fotos: 1) Símbolo que ya habréis visto hasta en la sopa, ¿no?, 2) Hinchas de Suiza después de haber perdido su primer partido contra Chequia en un bar de la estación, 3) Dentro del Gundelinger Feld, cerca de casa, donde vimos los partidos de Italia y de Francia, 4) Chiara y Maria, con cara de compungidas, después del partido de Italia, 5) Foto de Urgencias: después de todo el toqueteo médico, con la férula ya puesta, 6) Una radiografía de una rodilla: no es la mía, pero perfectamente podría serlo, 7) Mapa de LA farmacia de guardia y el hospital de Basel, por si alguna vez venís aquí y os pasa algo... Ya sabéis donde está, 8) ¡¡¡Ese Villa-Maravilla!!!, 9) La férula, ¡en todo su esplendor! -tendría que hacerme una foto de la rodilla amorfa, pa que os creáis de verdad el balón de fútbol que tengo por rodilla-].