martes, 26 de julio de 2016

Partir en livre

Banderolas de Partir en livre y, de fondo, el estanque de la Tête d'Or

La semana pasada en Lyon participamos un poquitín en Partir en livre, una iniciativa de promoción de la literatura infantil y juvenil organizada, entre otros, por el Centre national du Livre. En Lyon, se organizó una yincana bastante chula en el precioso parque de la Tête d'Or en torno a una cuatrilogía literaria para adolescentes escrita a ocho manos por cuatro autores de literatura JA franceses (Yves Grevet, Florence Hinckel, Vincent Villeminot y Carole Trébor), U4 que, por lo visto, ha tenido bastante éxito entre la muchachada.

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Más tarde, encontré una librería infantil muy recomendable en nuestro barrio, la Librairie Inter-fun! y le compré tres cuentos preciosos a Claudio. El primero de ellos podéis verlo en la foto: Je veux un crocrodile ! de Laure Monloubou, especialmente dedicado para niños que pillan rabietillas y se olvidan a veces de pedir las cosas «porpavó». ¡Una semana muy literaria! :-)

viernes, 6 de septiembre de 2013

Los traductores de Robert Walser (I)


Aprovechando que estos días estoy de baja a la espera del nuevo inquilino que llegará a casa en los próximos días, he sacado por fin tiempo para escribir sobre una de las jornadas más interesantes a las que asistí el pasado mayo mientras estábamos todavía en Lausana, Suiza. El acontecimiento consistió en la reunión de 19 traductores del respetadísimo autor suizo Robert Walser en la Universidad de Lausana, el pasado 7 de mayo.

Mi ejemplar de Jakob Von Gunten con la fotografía de Robert Walser en la portada

 No suele ser común que los traductores de un mismo autor a distintas lenguas tengan el más mínimo contacto entre sí y aunque, casi por definición, la actividad traductora se defina por su introspección y soledad, el acontecimiento del Walserweltweit (Walser a lo largo y ancho del mundo) demostró, una vez más, que los traductores, cuando se juntan, siempre tienen de qué hablar.

La jornada, organizada por el Robert Walser-Zentrum, la fundación cultural Pro Helvetia, el colegio detraductores de Looren y el magnífico Centro de Traducción Literaria de la Universidad de Lausana (UNIL), consistió en reunir en el Château de Dorigny, un hermoso edificio que forma parte de las instalaciones de la Universidad de Lausana, a estos 19 traductores de Robert Walser en torno a un texto inédito del autor, Die leichte Hochachtung, para que discutieran sus impresiones sobre el texto que ellos mismos habían traducido previamente.

El Château de Dorigny

Si ya es difícil discutir largo y tendido las particularidades de una traducción de un solo idioma a otro, ¡podéis imaginaros la dificultad que entraña el hecho de comentar una traducción de un idioma (alemán) a 16 idiomas diferentes! La discusión fue francamente interesante, pero antes de hablaros de ella, os presentaré a sus protagonistas y sus respectivos idiomas:


Marion Graf (francés)


 Margherita Belardetti (italiano)



[sin foto]

Rosa Pilar Blanco (español)


 Teresa Vinardell Puig (catalán)



Sergio Tellaroli (portugués brasileño)



Theo Votsos (griego)


Susan Bernofsky (inglés estadounidense) @uebersetzbar


Damion Searls (inglés estadounidense)


Slavo Šerc (esloveno)


Anna Glazova (ruso)


 Lídia Nádori (húngaro)










Tali Konas (hebreo)


 Jieping Fan (chino)

[Sin foto]

Megumi Wakabayashi (japonés)

 [Sin foto]

Fuminari Niimoto (japonés)

Particularmente, me interesaba mucho conocer a Susan Bernofsky, autora del blog Translationista (aquí su crónica sobre el Walserweltweit), con la que tuve el placer de colaborar durante octubre de 2011 con motivo del movimiento Occupy Wall Street, para el que ella organizó el grupo de traducción de comunicados y otros escritos (entre ellos, el Occupied Wall Street Journal) y yo participé con algunas traducciones al español. Además, me encantó conocer a los demás traductores del equipo con los que tuve la oportunidad de charlar, ¡todos gente estupenda, respetuosa y muy interesante!

martes, 11 de junio de 2013

La Rosa de Melodía en la Toscana

Tengo un montón de cosas en el tintero, de todas las charlas interesantísimas sobre traducción y literatura a las que he estado asistiendo últimamente aquí en Suiza, pero no quería dejar pasar la oportunidad de publicar algo, aunque sea pequeñito, sobre Melodía en la Toscana, la nueva novela de Belinda Alexandra que sale a la venta hoy y que también he traducido yo (como sus tres novelas anteriores: La gardenia blanca de Shanghái, La lavanda silvestre que iluminóParís y Secreto de hermanas).

Una servidora en el Ponte Santa Trinita que tanto le gusta a la protagonista de Melodía en la Toscana

Melodía en la Toscana (Tuscan Rose es su título en inglés) es, sin duda, la novela de Belinda que más me ha gustado hasta ahora: un novelón de misterio, en el buen sentido de la palabra, en pleno auge del fascismo italiano en una ciudad tan maravillosa como Florencia… ¿Qué más se puede pedir?


La Via Tornabuoni en la actualidad, uno de los escenarios centrales de Melodía en la Toscana


Con Melodía en la Toscana, creo que Belinda se consagra como una estupenda narradora. Puede que el estilo romántico-histórico no os atraiga mucho, pero los detalles históricos, la cuidadísima documentación y los pequeños toques de fantasía surrealista hacen que haya sido todo un placer traducirla.


El bellísimo y animadísimo Ponte Vecchio, uno de los atractivos turísticos de la ciudad

Rosa Bellocchi es un personaje que da varios giros a lo largo de la narración (ya lo veréis si la leéis, y si no, pues os quedaréis con las ganas ;-)), como los buenos personajes de las buenas sagas, y su carácter es una mezcla de ingenuidad y fortaleza femenina que resulta muy atractivo y hace que en todo momento te quede la pregunta de qué pasará con ella al final…

El Convento del Santo Spirito, un lugar muy importante en la novela... ¡Ahora tiene un estupendo restaurante!

 Un misterio de traiciones, venganzas y muertes sanguinolentas que algo os recordará a Blancanieves, ambientado, como ya os he dicho, en pleno auge del fascismo italiano, y que le da vida propia a algunas localizaciones florentinas como la Via Tornabuoni, el puente Santa Trinita, el Ponte Vecchio, el Convento del Santo Spirito, la bella catedral de Florencia, etc., en una época oscura de la historia europea contemporánea.

La cúpula de Brunelleschi de la basílica de Santa Maria di Fiore, la favorita del marchese Scarfiotti

Precisamente, el año pasado, durante la primera visita que hacía a Italia (a Roma, ¡de regalo de cumpleaños! :-)), tuve la oportunidad de pasear una tarde por Florencia, ¡y me pareció preciosa! Las fotos que acompañan esta entrada pequeñita son de allí. Además, pude ver en vivo y en directo el David de Miguel Ángel... ¡Que me encantó! No desmerece en nada la fama que tiene. Es una obra de arte como hay pocas.

El interior de Santa Maria di Fiore, una catedral bellísima, tanto por dentro como por fuera

Lo dicho: si leéis Melodía en la Toscana, espero que guste (probablemente será la última traducción que leáis mía en una larga temporada, porque dentro de nada, tendré que ocuparme de otros menesteres más bienalejados de la literatura…). Mientras tanto, ¡disfrutad y leed mucho!




jueves, 30 de mayo de 2013

Encuentros de traducción 2013 en París (II)

Ayer os estaba contando cómo fueron las mesas redondas de la tarde en los encuentros de traducción 2013 en París. Después de un cuidadísimo buffet libre compuesto por aperitivos y dulces en el tuvimos al oportunidad de charlar fugazmente con algunos de los asistentes al encuentro, comenzaron las charlas de la tarde. Nosotras solo fuimos a la primera de ellas:

De 14.00 a 15.15: La traduction des sciences humaines et sociales.
Con Christophe Guias, director literario de ciencias humanas de la editorial Payot; Michèle Leclerc-Olive, socióloga responsable del Taller de Investigación y Traducción en Ciencias Sociales (ARTESS); Dieter Hornig, traductor; y Bruno Poncharal, lingüista y traductor, con la moderación de Alain Delissen, historiador.


Michèle Leclerc-Olive habló sobre ARTESS, la importancia de contar tanto con expertos lingüistas como con especialistas en la materia en cuestión cuando se traducen las ciencias humanas y sociales (algo que se puede ampliar a cualquier disciplina científica) y sobre la nueva situación actual en la que, dado en el mundo en el que vivimos, se dan interesantes situaciones culturales triangulares, en las que un autor ruso escriba sobre África y se lo traduzca al francés, por ejemplo.

La intervención de Christophe Guias fue muy iluminadora, porque no siempre se tiene la oportunidad de escuchar la opinión del «otro lado», el punto de vista de la edición. También me gustó mucho su sinceridad. Como responsable de una sección minoritaria (ciencias humanas) dentro de una editorial generalista como es Payot, Guias reconoció que para que una traducción (o retraducción) de un autor tenga lugar, tiene que haber una gran dosis de interés por parte del traductor, y el editor tiene que proporcionar el tiempo (porque, aunque parezca mentira, hay prisa por traducir las obras cuyos derechos se adquieren, y no siempre el tiempo proporcionado es el óptimo). Yo tengo que reconocer que me deprimí un poco cuando Guias les pidió explícitamente perdón a los traductores franceses por pagarles unas tarifas que serían el sueño y la envidia de cualquier traductor de libros español… Pero siempre viene bien saber lo que cobran tus vecinos (sobre todo si no hay razones de peso por las que ellos debieran cobrar más que tú). Otro dato que Guias nos dio fue que él aboga por utilizar traductores no expertos en la materia en cuestión, porque defiende que los traductores no especializados no tienen «vicios» que otros especialistas en la materia reproducen alegremente de una traducción a otra. Me pareció un argumento interesante (que sé que a muchos les escandalizará).

Por último, la intervención de Bruno Poncharal me pareció muy instructiva, aunque quizá, por momentos, demasiado teórica. Nos habló de la relación entre el pensamiento y la lengua, y la imposibilidad de desvincular al uno de la otra. Dado que todo pensamiento se realiza en una lengua, aquel no es libre de esta; por lo que la búsqueda de una lengua «perfecta», «sin tacha», «limpia», no solo es un deseo imposible, sino que también es equivocado: pues en la imperfección de la lengua está su riqueza. Nos hizo también una metáfora curiosa (muy francesa, por otra parte :-)), en la que comparaba al autor con el marido, al texto con la esposa, y al traductor, por último, como el amante. ¡Curioso!, ¿verdad?

Finalmente, se debatió sobre la importancia de la coherencia textual a la hora de traducir, ¡también ciencias sociales! Muchos traductores se dejan llevar por la fetichización del autor al que traducen y el resultado de pegarse demasiado a sus palabras —¡e incluso a su sintaxis!— supone que la traducción sea prácticamente ilegible.

Por último, tuvo lugar una cuarta mesa redonda:

De 15.30 a 16.15: Traduire l’image, con Christophe Commères, Anne Rafroidi, Odile Manforti, Anaïs Duchet, y moderación de Marc Fernández.

A la que nosotras ya no asistimos y la clausura a cargo del presidente del CNL, Jean François Colosimo.



Anne y yo decidimos aprovechar el resto de la tarde para darnos una vueltecilla por los Campos Elíseos (donde me compré una chaqueta estupenda en las rebajas —sin cintura, que de eso ya no tengo—, que me está siendo de mucha utilidad aún ahora, dada la falta de primavera —y parece que de verano también— que estamos pasando), y seguimos charlando sobre todo lo que nos había contado durante el encuentro y poniéndonos al día de otras cosas, que hacía tiempo que no nos veíamos…

Como conclusión, Anne me prestó una pequeña lista de motivación traductora que tiene colgada en el corcho de su despacho (que yo okupé durante todos los días que estuve alojada en su casa) y me gustaría compartir aquí, porque es puro sentido común, aunque a veces se nos olvide…



miércoles, 29 de mayo de 2013

Encuentros de traducción 2013 en París (I)

Hace casi ya dos meses, el 13 de marzo, tuvo lugar la jornada dedicada a la traducción, las 3e Rencontres dela traduction, con motivo del Salón del Libro de París, y yo me fui para allá, aprovechando que estoy aún más a tiro de tren que desde Madrid. Así que, lo dicho, cogí mis bártulos aquí en Lausana y puse rumbo a París, con breve escala en la estación de Ginebra.


El día del encuentro traductor, mi amiga y colega Anne Leignadier (que amablemente me alojó en su casa durante el Salon du livre) y yo acudimos a Porte de Versailles, un parque empresarial en el sur de París lleno de pabellones en el que se celebraban simultáneamente varias ferias dedicadas a los temas más variopintos: golf, inserción profesional para jóvenes, etc. Para los traductores, se había reservado una gran sala en el primer piso del pabellón n.º 1, donde las editoriales y los libreros estaban preparando los stands para que todo estuviera listo al día siguiente, inauguración del Salon du livre 2013.



El programa del día consistía en una serie de mesas redondas de diferentes temas en torno a la traducción, que en general tuvieron una afluencia de público altísima. ¡Me dio pena no charlar más con los asistentes, porque había muchísimos colegas de profesión! Las mesas redondas fueron las siguientes:

De 10.15 a 11.30: Traduire hier, aujourd’hui et demain
Participaron en ella Laurence Kiefé, presidenta de ATLF (Asociación de Traductores Literarios de Francia); Olivier Mannoni, director del ETL (Escuela de Traducción Literaria); Hélène Henry, la presidente de ATLAS (Asamblea de la Traducción Literaria en Arles) y André Gabastou, vicepresidente de ATLAS, con moderación de Isabelle Nyffenegger, jefa del departamento de creación del CNL (Centro Nacional del Libro).



Fue una charla introductoria muy informativa, porque en ella explicaron brevemente la trayectoria de ATLF y ATLAS, que este año festejan sus 40 y 30 años respectivamente. No os aburriré con detalles de ambas historias (que podéis leer en francés en los enlaces que aparecen al principio), pero sí me gustaría comentar que lo que más me impresionó fue lo establecidas que están ambas asociaciones, y lo mucho que se notan esos 40 años de recorrido. Se habló de los diferentes códigos deontológicos aprobados a los largo de todo este tiempo, y sobre el cambio de mentalidad que ha habido sobre la enseñanza de la traducción (algo que en un principio se consideraba imposible de enseñar), y lo mucho que han tenido que ver tanto la ETL como ATLAS en la evolución de los estudios de traducción y su aplicación práctica con talleres, prácticas en editoriales, etc. 

También se hizo hincapié sobre el hecho ineludible de que todas estas cosas no serían posibles sin la profesionalización de la actividad y sin que los profesionales de la traducción no estuvieran bien pagados (asignaturas ambas que, en España, sin duda todavía tenemos muy pendientes) y sobre la importancia vital de la visibilidad de los traductores (algo que también he visto puesto en tela de juicio, ¡por parte incluso de algunos traductores!).

Por último, se mencionó la evolución que ha sufrido la profesión a lo largo de este tiempo por dos importantes advenimientos: el primero, la llegada de Internet, que ha sacado a los traductores de las bibliotecas para ofrecerles una ventana de información, pero también de interactuación con otros colegas de profesión y el segundo, la llegada del libro electrónico, algo que, por lo que yo misma pude ver en el Salon du livre, no está ni mucho menos claro cuáles serán sus efectos a medio y largo plazo, pero que, de momento, está cambiando las reglas del juego porque supone un cambio en el sistema de distribución y explotación de las obras literarias.

> Entre la primera y la segunda mesa redonda, tuvo lugar una breve intervención de Maruxa Carranza, responsable de intercambios culturales de la embajada española en París (cuya ausencia en la segunda mesa redonda decepcionó a algunos asistentes, pues hubiera estado bien que explicara con más detalle lo que vino a contar). En ella, nos habló de un proyecto de plan de venta de derechos llamado New Spanish Books, en el que un comité evalúa obras enviadas por las editoriales españolas para su promoción y distribución entre las editoriales francesas. El proyecto, por lo visto, es bastante nuevo, así que aún no se conocen los resultados del mismo, pero tenía pinta de ser interesante, aunque, por lo que pude ver en el resto del Salon du livre, la cultura y la literatura españolas están sorprendentemente poco representadas y promocionadas en el país vecino.

De 11.30 a 12.30: Traduire au-delà des frontières
Con Eric Boury, traductor del islandés; Débora Farji-Haguet, traductora técnica especializada en los sectores del lujo, el arte y la cultura; Hélène Amalric, editora y traductora; y Thibaud Eliroff, editor de la editorial Pygmalion, especializada en ciencia ficción, con moderación de Françoise Wirth, de la revista Traduire.



Esta fue quizá la mesa redonda más deslabazada, porque cada uno de sus integrantes contó su propia experiencia profesional y todas ellas eran, en realidad, bastante diferentes entre sí. A pesar de todo, fueron bastante interesantes sus intervenciones individuales. 

Thibaud Eliroff, por ejemplo, habló sobre la traducción de Juego de tronos, dado que Pygmalion se encarga de la misma, y lo que supuso el cambio de traductor en un momento dado de la serie: el primer traductor optó por un lenguaje medievalizado, que en algunos casos se alejaba tanto del original que casi podría considerarse una adaptación (lo que los franceses llaman una belle infidèle), y los problemas a los que tuvo que hacer frente el nuevo traductor al encontrarse con una traducción tan conocida y seguida, para «desfacer los entuertos» en los que su primer colega lo había metido.

También me interesó la intervención de Eric Boury, traductor del islandés, que nos explicó su experiencia como traductor de una lengua minoritaria que actualmente está teniendo un verdadero boom en el mercado francés (como consecuencia en parte por el tirón producido por la literatura escandinava). Me sentí muy identificada con su filosofía de traducción: cómo llegó por casualidad a la traducción literaria, y cómo ha acabado por enamorarse de «utilizar tus propias palabras escudándose en las palabras de otros», por lo que la traducción se ha convertido en su razón de vivir. Ya sé que es una mentalidad terriblemente romántica y que no se ajusta en absoluto a las inclemencias comerciales de una actividad bastante maltratada (por suerte, no es el caso de Boury, cuya agenda parece reservada con años de antelación). Por último, también mencionó lo importante que es mantener una relación de confianza con los editores (en su caso, entre otros, con sus editores de la editorial Gallimard).

Por último, la intervención que más me interesó fue la de Débora Farji-Haguet, traductora técnica especializada en el sector del lujo. Ella nos habló de la diferencia que se suele hacer entre los dos principales tipos de traducción, la que en francés llaman «pragmática» (que me imagino que en español sería eso que metemos en el amplio saco de la «técnica») en contraposición con la literaria. Ella defiende (y yo también, aunque soy consciente de que la mayor parte de mis colegas de profesión no están de acuerdo con esto) que ella es traductora por encima de todo, y que la visibilidad del sector no debería pasar por qué tipo de especialidad desarrolla un traductor, sino por su dominio de la profesión. Yo, que hasta ahora me he mantenido gracias a ambos tipos de traducción, creo que aunque se pueden establecer diferencias entre ambos en su ejecución, son actividades totalmente complementarias: creo que, con la formación adecuada, un traductor técnico puede hacer literatura y viceversa. No es en absoluto excluyente y lo más importante: ninguno de los dos tipos de traductores son más importantes que los otros, ni más inteligentes, ni mejor formados. Simplemente, son dos actividades emparentadas, como lo están a su vez ambas con la interpretación, y ambas deberían recibir reconocimiento, visibilidad y, lo más importante de todo, estar bien pagadas, porque son un trabajo especializado (lo de la traducción literaria no es ni medio normal, muchachos). ¿La conclusión de Débora? «Haremos a la gente feliz si hacemos nuestro trabajo felices». Qué gran verdad…

¡Mañana, en la próxima entrada, os contaré más sobre las charlas de la tarde!

martes, 23 de abril de 2013

Un botín digno de Sant Jordi


¿Ya ha llegado otra vez Sant Jordi? ¡Parece mentira lo que corre el tiempo! Todavía no he pisado Barcelona (que sería lo suyo), y eso que ganas no me faltan, pero el año pasado tuvimos un día del libro muy agradable en Madrid… Este año, ni Madrid, ni Barcelona, mi día del libro ha consistido en asistir aquí en Lausana a una ponencia en alemán sobre oralidad en la literatura en textos de ficción traducidos FR <> DE, pero eso, si saco tiempo, os lo contaré otro día…

Genial cartel de Sant Jordi de APTIC

Como decía, el año pasado corría una fresca y agradable brisilla en Madrid, y el programa del día del libro era francamente apetecible. Recuerdo que Miguel me dijo que él iba a darse un paseo, y aunque yo también estuve por el centro, no llegamos a encontrarnos. En su lugar, pasé la tarde cazando dedicatorias literario-comiqueras con mi amiga Belén: primero fuimos a Panta Rhei (una de las librerías más interesantes de Madrid, ubicada en el castizo barrio de Malasaña), donde firmaban tres autores de Astiberri. Allí conseguí la dedicatoria de Paco Alcázar en Silvio José, faraón. Después, fuimos andando hasta una librería pequeñita especializada en textos económicos en la que firmaba Espido Freire. Espido llegaba tarde, y Belen y yo nos sentamos en una terracita junto a la librería a beber una caña (No sé por qué, pero tengo un recuerdo muy gráfico de la pelirrojísima melena de Belén sentada en la terraza de esa calle peatonal…). Yo quería llevarme Irlanda, que aún no la he leído, pero no tenían ejemplares (Espido me dijo que en junio saldría una edición especial… Todavía no me he hecho con ella…), así que me llevé un ejemplar de La flor del norte, su última novela, que recomiendo encarecidamente porque me encantó: muy bien escrita, estructurada y documentada, es una de esas novelas con las que deleitarse. Espido me estrechó con fuerza la mano (es una mujer encantadora, llena de energía) y Belén y yo dimos por concluida la caza de firmas de aquella tarde.

Este año, un poco antes de este día de Sant Jordi, he tenido mi particular búsqueda literaria-comiquera. Todavía no me ha dado tiempo a contarlo aquí, pero he tenido la oportunidad de pasarme por el Salon du livre de París, de donde me he traído unos cuantos tesoros (que aún no me ha dado tiempo a catar, lo reconozco).

La edición de Les Misérables de Ediciones

En primer lugar, la joyita de la corona: este invierno, comenté con @irenesalm en Twitter después de pasar por el cine para ver el musical de Los miserables que estaría muy bien darle un tiento a Victor Hugo. Tengo que reconocer que le tenía un poco de animadversión a esta novela, porque en clase de traducción literaria de francés, tuvimos la desgracia de soportar a una pésima profesora que nos torturó durante varias jornadas con Jean Valjean. Disfruté traduciendo uno de los fragmentos iniciales del viaje de Jean Valjean, pero no las clases que vinieron después, por eso dejé lo de leer la novela para otro momento… Ahora, con esta bellísima edición de La Pléiade, creo que no me podré resistir.

La cosa va de mujeres...

Además, caí en la tentación del stand de Albin Michel con una recomendación y un capricho. Mi amiga Ondine Cotto, que estaba trabajando en el stand, me recomendó La femme du miroir, de Eric-Emmanuel Schmitt. No he leído todavía nada de ese autor, así que ya os contaré. El capricho fue La femme de nos vies, de Didier van Cauwelaert, de quien sí leí un par de obras hace años que me gustaron bastante (Un aller simple, L’éducation d’une fée). Además, he oído muy buenas críticas de esta última.

La sorpresa de Javier Cercas

En el apartado literatura española (que también estuvo presente en el Salon du livre de París, aunque su presencia me resultó un poco decepcionante), me pertreché de Riña de gatos, de Eduardo Mendoza, una novela con la que quería hacerme desde hace mucho para catar el Madrid de Mendoza, y una pequeña sorpresa que no conocía: un libro de crónicas de Javier Cercas titulado Relatos reales. Además, tuve la oportunidad de coincidir con Cercas y así me firmó el libro (y unos cuantos Soldados de salamina que regalé por doquier… Es la típica novela que le regalo a todo el mundo siempre que surge la oportunidad: creo que es una lectura imprescindible) y pude declararle toda mi admiración, pues, en mi humilde y reducida opinión, creo que es uno de los grandes escritores españoles contemporáneos.

Happy Sex de Zep, un cómic estupendo sobre sexo y sobre la vida en general


Y por último, en lo que toca al cómic, me llevé un ejemplar de Happy Sex de Zep (más conocido por ser el autor de Titeuf), cómic que @eulez y yo descubrimos gracias a El Jueves, porque publicaron todas las tiras del álbum en la revista. Creemos que es la visión del sexo en cómic más realista y divertida (y francesa, para más señas) que habíamos visto nunca: sexo con lorzas, penes grandes o pequeños, pubis más o menos peludos, sexo entre abueletes y entre adolescentes, padres, hijos, parejas, etc… Vamos, lo que es la realidad. Y sí, aquí también conseguí mi pequeña dedicatoria. No puedo decir si Zep me vio el bombo, ¡pero me llevé un condoncete firmado!

Una preciosa foto de la novela de Belinda de Aida


Y para terminar, mi autohomenaje viene de que, sí, gracias a Aptic, yo también me he «ido a la cama» con una lectora, en particular, @aidagda, que ha hecho esta foto tan estupenda para el concurso titulado: «¿Con cuántos traductores te has ido a la cama?» de mi niña, La lavanda silvestre que iluminó París, extraordinaria iniciativa para darles a los traductores de libros un poquito de la visibilidad que se merecen y, desgraciadamente, no tienen.

sábado, 2 de marzo de 2013

El aliencillo

Este es el dibujico del papá de la criatura de mi alter ego, el cactus preñao:



Me pregunto si seré capaz de escribir lo que sigue sin caer en ningún topicazo. Mira que sé que es difícil, pero lo voy a intentar. ;-)

Desde que, una buena mañana, me encontré con esto de aquí


el tiempo ha corrido que se las ha pelado, y yo, la mayor parte del mismo me lo he pasado hecha una caca con eso que todos me dicen que «es normal».

—Me mareo, la cabeza me da vueltas.
—Mujer, eso es lo normal.

—Tengo asco, ganas de vomitar.
Comidas frecuentes, en poca cantidad, mejor sólido que líquido.
(Os juro que este mantra me lo repite la ginecóloga cada vez que me ve. Monótono trabajo el suyo de tener que repetir esto mil veces al día).

—Estoy exhausta, resacosa, sin ganas de nada.
—Nada del otro mundo, ¿ya te han dicho que este trimestre es el peor? No te preocupes, es normal.

—Me ha salido un cuerno verde en la frente y lunares multicolores en el culo.
—Nada, nada, eso es normalísimo, le pasó igual a mi madre/tía/amiga. WTF?

Y no os vayáis a creer que es fácil hacerse a la idea de que tu barriga es el huésped de un aliencillo minúsculo (aunque oye, puestos a tener barriga, cosa que yo he tenido siempre —me viene de familia—, pues si vive alguien dentro, casi como que tienes excusa para sacarla en lugar de pensar disimularla metiendo el ombligo p’adentro)… Y más extraño aún resulta sentir ternura por un bichito que empezó por medir 3,3 mm la primera vez que nos lo enseñaron y ya va por los 5,6 cm.

Y ahora que la cosa se hace cada vez más real (al mismo ritmo que mi barriga y otras partes de mi cuerpo crecen desmesuradamente —ya, ya sé que «es normal», copón—), cada vez me hace más ilu. ¿Que por qué? Pues mira, porque cuando salga de ahí (y no vamos a hablar de eso-en-lo-que-tú-y-yo-sabemos-que-desemboca-un-embarazo, llámalo lo-que-tú-ya-sabes, Voldemort o como te dé la gana, pero no me lo mientes), aprovecharé para leerle muchos cuentos mientras pueda. ¿Que os parece una razón insustancial? Pues otros tienen razones mucho peores (como si, en los tiempos que corren, fuera buena idea en cualquier caso perpetuar una especie tan malucha como la nuestra).

Lo malo es que, claro, de golpe y porrazo estás atrapada entre dos posturas que se odian a muerte (y, en el caso de uno de los bandos, casi que con razón). Por un lado, te encuentras con los anti-niños/embarazos y cualquier cosa que se le parezca, que suelen ser gente muy quemada con los del otro lado: peña que tiene que soportar que la tía Felisa y demás familiares les pregunten ese rancio-repugnante: «¿Y tú para cuándo?» («Para cuando me salga de mis reales partes pudendas, si es que me sale» hay que decirlo más). Vamos, yo lo entiendo, pero tampoco es que yo tenga la culpa de que el resto de la sociedad o tu reloj biológico o ambas cosas a la vez traten de presionarte hasta lo absurdo. Y, además, ponerse radical no hace sino empeorar la cosa, porque parece que las tías sigamos sin poder hacer lo que nos salga de las narices, oiga.

Y claro, por otro lado, está el bando de la ñoñería, la idiotez y el magufismo, todos ellos elevados a la enésima potencia: hasta las funciones corporales más escatológicas se convierten en tema de conversación cursi e idiota (todo el mundo lo sabe, pero nadie lo dice: Las embarazadas son petulantes, engreídas, pagadas de sí mismas o como queráis traducir ese gran concepto de cuatro letras que es «smug»):



De repente, la sociedad te trata como si, por una vez en tu vida, estuvieras haciendo lo correcto: algo maravilloso, especial, casi una obra de arte. En fin, yo no es por desanimar a nadie, pero esto casi es como sacarse el carné de conducir: todo el mundo podría hacerlo si quisiera, y sí: hay gente que no quiere.

Tyto Alba para El Estafador n.º 55 Ser padres

Hay que hacer un gran esfuerzo (yo al menos) por passssar olímpicamente de todas estas mierdas y no tirarte el día entero enumerando las dolencias que te aquejan (que es lo que llevo haciendo yo desde hace tres meses :-P)… Por suerte, tengo una buena guía: este libro de Kaz Cooke está genial para novatos (es algo así como embarazo y Voldemort para dummies: The rough guide to Pregnancy and Birth. The soundest, sanest, wittiest advice you’ll ever get).


En fin, habrá que hacer un esfuerzo por tener vida después de la preñez, pero vamos, yo lo único que sé es que me voy a hinchar a leerle cuentos a este pequeño aliencete de aquí:


Por cierto, ¿tenéis curiosidad por cómo se va a llamar? El papá mierdecilla os lo explica aquí.