
Puede que alguien todavía se pregunte quiénes son estos señores que me gustan tanto... En realidad no es mi intención contaros la historia de este genial grupo músico-humorístico argentino, entre otras cosas, porque bien podéis leerla aquí, en su página oficial, y yo tampoco he sabido mucho de ella hasta hace bien poco…
El conjunto de instrumentos musicales o ensemble telúrico de Les Luthiers lo formaron en los años sesenta algunos de los componentes del coro de Ingeniería de la Facultad de Buenos Aires. Gerardo Masana estaba empeñado en representar Il fliglio del pirata, una partitura humorística que su abuelo catalán se había traído de España. Y ahí empezó todo. A Masana se le unieron Marcos Mundstock, un genial locutor radiofónico; Daniel Rabinovich, un divertido notario y polifacético músico; Jorge Maronna, arreglista y compositor, y Carlos Núñez Cortés, químico y concertista de piano. Posteriormente, ya en los setenta, se les unieron Carlos López Puccio, director de orquesta (cuya melena blanca me fascinaba cuando era pequeña) y Ernesto Acher, un arquitecto que quería coquetear con la música. Desde entonces y hasta ahora mismo, Les Luthiers siguen siendo geniales: sus composiciones, sus instrumentos y su humor, personificado en el inenarrable compositor ficticio Johann Sebastián Mastropiero, son genuinamente maravillosos, como ellos.

Llevo toda la semana molestando a Don Eulez por mi insistencia, porque he pasado toda ella dándole la barrila con que hoy por fin vamos a ver a Les Luthiers. Puede que la gente no lo entienda o le parezca una exageración lo mío con Les Luthiers, pero tengo al menos dos buenas razones para justificar mi ilusión, a saber:
Primero, que tener que comprar las entradas para verlos con más de un año de antelación añade expectación a mi impaciencia (sí, resulta que Les Luthiers están cotizadísimos aquí en España: las entradas de sus actuaciones se terminan en cuestión de días con años de antelación y son bastante caras, para qué engañarnos...).

Segundo, que a ellos les pertenecen algunos recuerdos de mi más tierna infancia... A mis padres les gustaban y tenían un par de discos de vinilo (que todavía siguen por ahí, rallados y gastados por el uso). En particular el Volumen 3 —cuya portada me fascinaba: podía pasarme horas contemplando embobada a todos aquellos tipos con chaqué mirándose unos a otros como si hubieran surgido de un recorte de papel— y, por supuesto, el Volumen 4, con el cuento sinfónico La princesa Teresa y el oso libidinoso. Como podréis imaginar, se me escapaba el significado rijoso del asunto y puede que mis padres me explicaran lo de la libido desbordante del oso, pero a mí siempre me pareció un tipo simpático (un poco Oso Yogui), aunque algo insistente, eso sí.
A continuación, comparto con vosotros los vídeos que he ido recopilando esta semana en Facebook:
1) El Teorema de Thales.
Sin duda, ésta es una de mis composiciones favoritas de Les Luthiers y me da mucha pena que no haya un buen vídeo de ninguna actuación en la que la representen (alguno ahí, pero es un poco malo). La he escuchado miles de millones de veces, pero nunca puedo dejar de reír con la introducción de Marcos Mundstock en la misiva de Mastropiero a su amada, la Condesa Shortshot: «Condesa, nuestro amor se rige por el Teorema de Thales: cuando estamos horizontales y paralelos, las transversales de la pasión nos atraviesan y nuestros segmentos correspondientes resultan maravillosamente proporcionales».
2) Epopeya de Edipo de Tebas (cantar bastante de gesta)
Esta es otra de mis favoritas… Me parece una manera genial de resumir la tragedia edípica.
3) Serenata Mariachi (1ª parte)
En fin, si digo de todos los vídeos que pongo que son mis favoritos, no me creeréis, pero la Serenata Mariachi es la que más suelo cantar (en la ducha o en cualquier parte). La situación plantea a dos enamorados, Porfirio y Bernardo, que a falta de presupuesto por parte del primero, deciden compartir sus mariachis para cantarles serenatas a sus chaparritas que viven en el mismo caserío… Con funestas consecuencias. Me encanta el fragmento que comienza con «Siento que me atan a ti…»
4) Serenata Mariachi (2ª parte)
Consecuencia de la pugna de Porfirio y Bernardo.
5) Las nochés de París (Les nuits de Paris)
Esta no la conocía, la encontré el otro día en YouTube, pero me hizo muchísima gracia, porque ejemplifica lo jodido que es hablar francés… ¡y español también, pa que vamos a engañarnos!
6) Si no fuera santiagueño (Chacarera de Santiago)
Todo un clásico de Les Luthiers. Pocos saben que la trifulca fingida al inicio del segundo movimiento con el bombo Gomaespuma lo homenajeaba al final de la cortinilla principal de su programa radiofónico.
7) Lo que el sheriff se contó
Este fue uno de los números más divertidos de la otra actuación en directo que eulez y yo tuvimos la suerte de ver en 2004, «Todo porque rías».
8), 9) y 10) La princesa Teresa y el oso libidinoso
Grabación en directo de la versión de 1975… Gracias a ella he descubierto que la primera hembra a la que persigue el oso libidinoso, al grito de: «¡Sublime éxtasis de amor, mulita, que acelera mis latidos! ¡Vayamos, vayamos, vayamos! ¡¡Vayamos, vayamos… pronto!!» en esta versión es la mulita Julita, posteriormente sustituida por la mariposa golosa... ¡¡Me hizo ilusión, de todas maneras!! Además, esta versión es un poco más atrevida que la grabación que yo conocía…
¡Espero que os gusten! Ya os contaré qué tal el concierto de esta tarde...
El conjunto de instrumentos musicales o ensemble telúrico de Les Luthiers lo formaron en los años sesenta algunos de los componentes del coro de Ingeniería de la Facultad de Buenos Aires. Gerardo Masana estaba empeñado en representar Il fliglio del pirata, una partitura humorística que su abuelo catalán se había traído de España. Y ahí empezó todo. A Masana se le unieron Marcos Mundstock, un genial locutor radiofónico; Daniel Rabinovich, un divertido notario y polifacético músico; Jorge Maronna, arreglista y compositor, y Carlos Núñez Cortés, químico y concertista de piano. Posteriormente, ya en los setenta, se les unieron Carlos López Puccio, director de orquesta (cuya melena blanca me fascinaba cuando era pequeña) y Ernesto Acher, un arquitecto que quería coquetear con la música. Desde entonces y hasta ahora mismo, Les Luthiers siguen siendo geniales: sus composiciones, sus instrumentos y su humor, personificado en el inenarrable compositor ficticio Johann Sebastián Mastropiero, son genuinamente maravillosos, como ellos.

Llevo toda la semana molestando a Don Eulez por mi insistencia, porque he pasado toda ella dándole la barrila con que hoy por fin vamos a ver a Les Luthiers. Puede que la gente no lo entienda o le parezca una exageración lo mío con Les Luthiers, pero tengo al menos dos buenas razones para justificar mi ilusión, a saber:
Primero, que tener que comprar las entradas para verlos con más de un año de antelación añade expectación a mi impaciencia (sí, resulta que Les Luthiers están cotizadísimos aquí en España: las entradas de sus actuaciones se terminan en cuestión de días con años de antelación y son bastante caras, para qué engañarnos...).

Segundo, que a ellos les pertenecen algunos recuerdos de mi más tierna infancia... A mis padres les gustaban y tenían un par de discos de vinilo (que todavía siguen por ahí, rallados y gastados por el uso). En particular el Volumen 3 —cuya portada me fascinaba: podía pasarme horas contemplando embobada a todos aquellos tipos con chaqué mirándose unos a otros como si hubieran surgido de un recorte de papel— y, por supuesto, el Volumen 4, con el cuento sinfónico La princesa Teresa y el oso libidinoso. Como podréis imaginar, se me escapaba el significado rijoso del asunto y puede que mis padres me explicaran lo de la libido desbordante del oso, pero a mí siempre me pareció un tipo simpático (un poco Oso Yogui), aunque algo insistente, eso sí.
A continuación, comparto con vosotros los vídeos que he ido recopilando esta semana en Facebook:
1) El Teorema de Thales.
Sin duda, ésta es una de mis composiciones favoritas de Les Luthiers y me da mucha pena que no haya un buen vídeo de ninguna actuación en la que la representen (alguno ahí, pero es un poco malo). La he escuchado miles de millones de veces, pero nunca puedo dejar de reír con la introducción de Marcos Mundstock en la misiva de Mastropiero a su amada, la Condesa Shortshot: «Condesa, nuestro amor se rige por el Teorema de Thales: cuando estamos horizontales y paralelos, las transversales de la pasión nos atraviesan y nuestros segmentos correspondientes resultan maravillosamente proporcionales».
2) Epopeya de Edipo de Tebas (cantar bastante de gesta)
Esta es otra de mis favoritas… Me parece una manera genial de resumir la tragedia edípica.
3) Serenata Mariachi (1ª parte)
En fin, si digo de todos los vídeos que pongo que son mis favoritos, no me creeréis, pero la Serenata Mariachi es la que más suelo cantar (en la ducha o en cualquier parte). La situación plantea a dos enamorados, Porfirio y Bernardo, que a falta de presupuesto por parte del primero, deciden compartir sus mariachis para cantarles serenatas a sus chaparritas que viven en el mismo caserío… Con funestas consecuencias. Me encanta el fragmento que comienza con «Siento que me atan a ti…»
4) Serenata Mariachi (2ª parte)
Consecuencia de la pugna de Porfirio y Bernardo.
5) Las nochés de París (Les nuits de Paris)
Esta no la conocía, la encontré el otro día en YouTube, pero me hizo muchísima gracia, porque ejemplifica lo jodido que es hablar francés… ¡y español también, pa que vamos a engañarnos!
6) Si no fuera santiagueño (Chacarera de Santiago)
Todo un clásico de Les Luthiers. Pocos saben que la trifulca fingida al inicio del segundo movimiento con el bombo Gomaespuma lo homenajeaba al final de la cortinilla principal de su programa radiofónico.
7) Lo que el sheriff se contó
Este fue uno de los números más divertidos de la otra actuación en directo que eulez y yo tuvimos la suerte de ver en 2004, «Todo porque rías».
8), 9) y 10) La princesa Teresa y el oso libidinoso
Grabación en directo de la versión de 1975… Gracias a ella he descubierto que la primera hembra a la que persigue el oso libidinoso, al grito de: «¡Sublime éxtasis de amor, mulita, que acelera mis latidos! ¡Vayamos, vayamos, vayamos! ¡¡Vayamos, vayamos… pronto!!» en esta versión es la mulita Julita, posteriormente sustituida por la mariposa golosa... ¡¡Me hizo ilusión, de todas maneras!! Además, esta versión es un poco más atrevida que la grabación que yo conocía…
¡Espero que os gusten! Ya os contaré qué tal el concierto de esta tarde...