miércoles, 8 de abril de 2009

¡Mi nueva bicicleta!



De Bici nueva


Supongo que ya pensábais que me había muerto o algo, pero no... Qué va. La cosa es que decidí que iba a terminar el bendito blog sobre Arizona antes de continuar con éste pero mis traduccioncillas y demás ocupaciones no me han permitido seguir escribiendo durante los últimos meses. Dije que continuaría, pero no dije con cuánta frecuencia (ya sé que la falta de frecuencia es enemiga del concepto mismo de los blogs, pero es que no sé yo si he enfocado bien mis blogues, sobre todo el primero...). En fin, vuelvo pues, para contaros de mis últimas experiencias consumistas, que es buen tema como otro cualquiera para retomar este blog mío...

Y claro, como no podía ser de otra manera, me apetece mucho contaros que me he comprado una bicicleta nueva. Creía yo que os había contado algo de la otra, que me la regaló eulez por mi cumpleaños de hace dos años y es que de aquella me enamoré, fue un flechazo instantáneo: fuimos a Calmera, la tienda de bicis que hay en Atocha, y estábamos mirando a ver qué bici sería la adecuada para mí y de repente la vi allí, tan bonita, tan europea, tan verde ella. Lo malo es que de lo europea que es, no es muy adecuada para los cuestotes de Madrid... El primer problema que tuve con ella fue que los frenos le funcionaban así-así y me pasé unos meses aterrorizada cada vez que bajaba una cuesta, porque creía que me iba a estampar con lo que hubiera al final... (Supongo que conviene aclarar que yo, con esto de la bici, soy muy, pero que muy gallina.)

De Bici nueva


Desde hace una temporada, estaba pensando en comprarme una plegable por tres razones:
a) porque los vecinos de nuestro edificio pintaron este verano a traición la pared del descansillo de color salmón (eso sólo se le podía ocurrir a un atajo de viejas retorcidas con el sentido del gusto donde yo te diga), un color que cada vez que lo roza cualquier cosa, se pone negruzco y feo. Y claro, las ruedas de las bicis no son una excepción... Si ya era suficientemente difícil bajar y subir las bicis, bajarlas y subirlas cuidando de que no rocen ni lo más mínimo las paredes es toda una tortura.
b) porque circular en Madrid con una bici normal se puede hacer (sobre todo si tienes higadillos como para, en ciertas situaciones, meterte con los coches... Yo, en contra de los radicales anti-carribicistas, pienso ir por la acera con los peatones mientras pueda y hasta que no me pongan un carril-bici. No quiero morir, oiga.), pero utilizarla como medio de transporte habitual es complicado porque si la dejas en la calle, como de momento hay muy pocas, apuesta lo que quieras a que te la roban en menos de lo que canta un gallo.
c) porque si sigo yéndome de vez en cuando por las Europas, como parece que va a volver a suceder, yo NECESITO una bici pa moverme: ¡¡¡¡no puede ser que todos a mi alrededor se desplacen de bici y yo no!!!!

Por eso, hace ya unos meses, empecé a mirar bicis y como siempre, dejé que me asesorara mi asesor informático y ciclista favorito. Al principio, flipé con una super-chula de una marca inglesa que se llama Brompton. El vídeo del señor inglés montando y desmontando la bici es digno de los Monty Python sólo que sin chiste... Lo malo de esa bici es que cuesta la friolera de 1000 euracos (aprox.) y claro, sin saber si lo del invento de la bici plegable iba a funcionar para mí, tampoco quería gastarme esa cantidad...

De Bici nueva


Lo malo de las bicis plegables es que prácticamente sólo hay dos opciones: o desembolsar una cantidad indecente (como con las Brompton y similares) o gastarse cuatro duros (o juntar puntos del periódico para que te la regalen, que pa el caso es lo mismo), pero en lo que se refiere al sistema de plegado, éstas últimas son un engaño: aparte de pesar un quintal, lo de que se doblen es meramente anecdótico: ¡se doblan por la mitad y pare usted de contar!

Por suerte, como ya digo, yo tengo un amante de las bicis (preguntadle por las chicas en bici, preguntadle) en casa, así que don Eulez ya le había echado el ojo pa mí a una monada de bici marca Dahon, que cuestan menos que las carísimas Brompton, pesan un kilillo más y el sistema de plegado es razonablemente bueno... Hace unos meses volvimos a Calmera y probé la hermana cara de la que yo me he comprado, la Dahon Curve Roja (que levanta pasiones: de hecho hay un blog titulado "No sin min Dahon", pa qué contaros más), que me ha costado 455 euros.

Ahora que llega el buen tiempo, por fin me he decidido, hace un par de semanas la encargué y a principios de esta semana fui a verla... En fin, en cuanto me monté en ella, decidí que me la llevaba. Al principio el plegado nos dio un poco de dolor de cabeza porque no sabía hacerlo y además, los enganches están un poco duros como para quitarlos y ponerlos con las manos desnudas: con guantes de bici lo hago mucho mejor...

Pero definitivamente acabé de convencerme que aquello era ideal para mí cuando volví en bici a casa aquel mismo día, desde Atocha hasta Carabanchel, por la Ronda de Valencia, Embajadores, Acacias, Pirámides, Marqués de Vadillo y luego todo General Ricardos para arriba... ¡¡¡¡¡Y fue todo un gustazo de paseo!!!!! Mira que en las aceras había un montón de gente (ya os lo he dicho: yo voy por la acera en bici y hasta que la población de ciclistas en Madrid no se multiplique por 50, yo no pienso bajarme de la acera en las avenidas anchas. Me da igual si es ilegal), pero iba despacito, despacito, parándome si era necesario, ¡y disfrutando como una enana!

Las dos ventajas principales (aparte de que se puede plegar y se mete en cualquier parte) de circular con esta bici son que como es tan pequeñita, es mucho más manejable que una bici grandota y se adapta mucho mejor a los peatones y que tiene unas ruedas anchísimas, lo cual permite subir bordillos (no muy altos) y sortear baches o raíles con mucha facilidad.

Y este año, claro, ¡se viene conmigo a Basilea!

De Bici nueva


jueves, 25 de diciembre de 2008

¡Feliz Navidad y próspero año nuevo!

¡¡FELIZ NAVIDAD 2008 Y PRÓSPERO AÑO 2009!!


Francisco navideño


Y para celebrar esta señalada ocasión, dejo que mi buen amigo Francisco, al que adopté del New England Aquarium, en Boston, os desee feliz Navidad, felices comilonas (sin demasiados excesos) y un feliz y crisis-free año 2009.

HAPPY HOLIDAYS!!!

JOYEUX NOËL!!!

FROHE WEIHNACHTEN!!!


Julia

[Retoques fotográficos cortesía de Ana]

sábado, 27 de septiembre de 2008

Un recuerdo sobre galletas de chocolate...

Hace mucho que no digo esta boca es mía y es que estoy pasando una mala época por culpa del estrés que me está produciendo una traducción con la que llevo todo el verano y que he detestado desde el primer día que empecé a traducir... Pero prefiero callar, éste no sitio para quejarse de estas cosas.

Hoy me he decidido a poner un pequeño postito después de tanto tiempo (pensando incluso en cerrar el chiringuito... No sé porqué será que a todos nos entra la bajona en esta época) porque de repente, mientras escuchaba de pasada lo que decían en el telediario, he recordado que estando en Arizona, una vez compramos en nuestro supermercado ecológico unas galletas Newman's Own tipo Oreo...

La verdad es que las galletas no estaban demasiado buenas, sabían un poco a corcho: me encantan las cookies americanas tradicionales, pero acabamos de las Oreo y las Chips Ahoy y similares un poco hasta el moño en Arizona, pero me pareció muy gracioso ver a Paul Newman junto con su hija Nell en el paquete, ataviados ambos como auténticos granjeros.



Hoy ha muerto Paul Newman de cáncer de pulmón a los 83 años... Da pena pensar en toda esa generación de grandes estrellas de Hollywood que poco a poco empezará a desaparecer... Y lo malo es que no habrá nadie de su talla para replazarlos.

martes, 2 de septiembre de 2008

¡¡Vuelta a los Estates!!

Brevemente: Después de todo este estresante mes en silencio, que sepáis que mi rodilla por fin está prácticamente recuperada, que me he pasado el mes trabajando como una bestia (que, en mi caso, el mero hecho de tener trabajo puede ser una bendición, pero que a la larga, acaba siendo todo lo contrario) y que ya hacía tiempo (casi ya vamos para medio año) que necesitaba unas vacaciones, por eso, cierta musiquita empieza a rondarme la cabeza, y me encuentro cantando a voz en grito "The Jet Song", "Tonight" o "America", porque aunque pueda parecer extraño:


Esta vez, a descubrir esa costa este que todos aseguran que es tan diferente de la Arizona profunda... ¡¡Ya os lo contaré!!

¿Qué a dónde vamos?, me preguntáis...

Pues... Aquí:



Aquí:



Y con suerte, por cortesía copepodiana, aquí:


¡¡Hasta muy pronto!!

[Fotos: 1) Escena de West Side Story, Rita Moreno canta America, 2) El barrio de Tribeca en Manhattan, 3) Un edificio de la Universidad de Harvard, que vamos a Boston... Y bueno, más que Harvard, visitaremos el MIT... ¡¡¡Y el despacho de Chomsky!!! ¿Verdad, César?, 4) Los bosques de Connecticut, que pronto serán tomados por una colonia de copépodos].

miércoles, 30 de julio de 2008

I'm tryin to make me go to rehab...


(Menos mal que mi rehabilitación nada tiene que ver con la de Amy Winehouse... Por cierto, pobrecilla: está pochísima y no hace más que salir y entrar del hospital).

De hecho, yo ni siquiera digo "¡NO, NO, NO!", sino que acudir a rehabilitación se ha convertido en una rutina, que me encantaría abandonar, no os creáis, pero que es mucho menos traumática de lo que yo me esperaba.

En fin, dejé la historia de la rodilla justo cuando el médico rehabilitador me recetó las famosas quince sesiones de rehabilitación, que al final se van a quedar cortas, porque mi peaso de esguince se resiste...

Como ya os conté que todos estos días, diariamente he estado bajando a rehabilitación al Centro Médico Carpetana.


Tengo que confesar que el primer día bajé con mucho miedo (Pablo vino a acompañarme, como a los niños el primer día de guardería) ante lo desconocido, porque vista la afición que tienen los traumatólogos de brazos musculosos y velludos a retorcerme la rodilla, me sentía más bien aprensiva...

Por suerte, Puri, mi fisioterapeuta (a la que podéis ver acompañándome en la foto más abajo), no tiene los brazos musculosos y velludos, aunque sé que se decepcionará si digo que no me hace daño (aunque sea un poquito). En fin, pa que vamos a mentir: hay momentos en los que se me saltan las lágrimas de dolor, pero bueno, ahora, después de casi quince días poniéndome en sus manos, ya voy mucho más relajada, porque sé lo que me espera y sé qué movimientos me hacen más pupita... Además, las sesiones se me hacen mucho más amenas porque Puri me da mucha conversación (hablamos de literatura sobre todo, le cuento lo que estoy traduciendo y ella me habla sobre lo que ha leído, lo que le pasan de la ONCE -Puri, espero que aunque esto no puedas leerlo, te lo lean, va dedicado ;-))-), cosa que me hace olvidar un poco la tortura que me está infligiendo...

Tanto Loli (que está en recepción), como los demás fisioterapeutas son también muy majos y su trabajo no os creáis que es nada fácil: las abuelas carabancheleras muchas veces no son pacientes nada fáciles... Mira que yo soy quejica, pero algunos de los ancianos -y sobre todo las no tan ancianas- se ponen a veces demasiado maleducados e insoportables... ¡A veces montan cada escenita porque no les atienden exactamente cuando y como a ellos les apetece!

Aparte de los masajes, me dan microondas y corrientes. Para eso es imprescindible llevar a mano un libro, porque toca estar 10 minutos + 10 minutos con la rodilla en alto y se hace muy aburrido sin algo que leer a mano. Durante esta última semana he estado leyendo un thriller de un tipo yanqui-patriotero que no me ha gustado demasiado (era por encargo, ésa es la disculpa) y ahora he vuelto a los Relatos de lo inesperado (Tales of the unexpected) de Roald Dahl, que me encanta...

En fin, que me desvío del tema: la electroterapia por microondas es simplemente un aparato con un brazo que termina en forma cónica y que desprende un calorcito agradable (en principio, debería llegar antes de la hora del masaje para ponérmelo y que cuando me toque con Puri ya tenga la rodilla calentada al microondas pa que le cueste menos poner en marcha los engranajes, pero a veces voy con el tiempo justo...) y la electroterapia por corrientes consiste en un par de electrodos que me los colocan a los dos lados de la rodilla untados en un gel conductor pringosísimo y yo me subo el amperaje todo lo que aguanto, durante diez minutos. Además, debería hacer una tabla de ejercicios para recuperar el movimiento de la rodilla, pero como todavía estoy tan pata-palo, aún no los he hecho ningún día.

Lo malo (por lo menos para mí) es que Puri, Loli y la mayoría de sus compañeros se van de vacaciones este viernes día uno y a partir de entonces, me cambian de fisioterapeuta, pero sé que voy a echar de menos a la gente que hay ahora, ¡igual que echo de menos tener una rodilla de tamaño normal! (o sea, mucho).

En fin, la cosa continúa, porque mañana jueves vuelvo a visitar al médico rehabilitador (bueno, voy a ver a otro, porque el que me atendió la primera vez está de vacaciones) para que me extienda las visitas... Calculo yo que otros quince días más como mínimo, porque la cosa avanza más bien poco...

Y a ver si hay suerte y mejoro con rapidez, porque estamos acariciando la idea de cruzar el charco de nuevo, ¡para visitar a la fauna (copépodos & co. incluidos) y flora (bueno, no sé si los que trabajan en el MIT se les puede considerar flora, ¿César?) de Nueva Inglaterra!


[Fotos: 1) Amy Winehouse, cuando todavía acudía a rehabilitación de la suya, 2) Amy Winehouse por mi admirado Carlös Areces en Los Klamstein, 3) Entrada en la calle de la Oca de la rehabilitación del Centro Médico Carpetana, 4) ¡Si a alguien le parece que esto no podría ser perfectamente una jaula de cualquier cámara de tortura medieval, que levante la mano!, 5) Esas son las camillas en las que Puri me retuerce la rodilla, 6) Alcachofa de las microondas, 7) Electrodos puestos en mi mismita rodilla -sí, esa, la que no funciona ni a la de tres- ¿habéis visto lo flojucho que tengo el cuádriceps?, 8) Puri y yo -Foto tomada por Elías-, a juzgar por mi sonrisa, parece que esté allí de fiesta... Es porque Puri me trata bien, aunque lo que me hace a veces es una verdadera tortura].


miércoles, 23 de julio de 2008

La odisea médica

Cuando llegué a Madrid, mi padre había pedido cita para traumatología, pero me habían dado para una semana después, tiempo que no podía esperar sin saber si tenía algo roto, así que esto fue lo que hicimos:


1º Ir a Urgencias en la Clínica Virgen del Mar. Fue bastante rápido, porque ni siquiera me reconocieron. La médico leyó detenidamente el informe de los suizos (que una servidora había traducido, aquí, con sus manitas) y me mandó una resonancia magnética y me extendió una receta para más inyecciones de heparina (y yo que me hacía ilusiones de que no me recetarían más...). Luego resultó que las inyecciones que me había recetado eran gordísimas (de 60 mg en lugar de 20 mg, que eran las que me había estado poniendo hasta entonces) y no he llegado a ponérmelas, ¡ahí ya sí que me daba aprensión pincharme esos peaso de cilindros!

2º Como ya os dije en el post anterior, mi padre que es muy efectivo, sabía dónde había que ir para que me hicieran rápidamente la RMN, así que ese mismo día, después de urgencias, fuimos a pedir cita a Nuestra Señora del Rosario. Dio la casualidad de que tenían un hueco al día siguiente y allá que nos fuimos.

Pues eso, al día siguiente después de esperar un montón, me metieron en el tubo de la resonancia. Dio la casualidad de que me fui en chándal, así que no tuve ni que desvestirme (sólo quitarme el sujetador, las gafas y la férula, que eso sí que tiene metal). Sólo me habían hecho antes una resonancia cervical, cuando tenía 12 años, y tengo que reconocer que preferí ésta, porque te meten con los pies hacia el fondo del agujero y aunque la cabeza también la tienes metida dentro del tubo, no resulta tan claustrofóbico como al revés.

3º A la semana siguiente (para que os situéis, fue un par de días después de que terminara la Eurocopa) yo estaba bastante desanimada, porque durante el fin de semana me había estado doliendo bastante... Ya me estaba viendo con el menisco roto y todo lo que eso significaba... El martes tocaba despedir a mi hermana Ana, que se iba a Irlanda, y antes pasamos a recoger los resultados de la resonancia (son chulas las fotos ¿verdad? me dieron un CD con todas dentro, "¡directas al blog!", eso fue lo primero que pensé). Por fin me enteré de las buenas noticias: ¡ni meniscos ni ligamentos rotos! Literalmente:

Áreas de contusión ósea en el margen posterior de la meseta tibial interna y en el margen anterior del cóndilo femoral externo.
Esguince grado II del ligamento colateral interno.


4º Después de que los demás se fueran al aeropuerto a acompañar a Ana, me quedé sola en la consulta del traumatólogo (tenía cita esa tarde). Y claro, tuve que toparme con el típico traumatólogo que da miedo: un señor mayor con unos brazos musculosos y peludos (se mire por donde se mire, eso da miedo, sobre todo si tienes un esguince de rodilla). Aquí sí, aquí me tocó quitarme la férula enseñarle la rodilla al matasanos y el tío ni corto ni perezoso me la trató de estirar y me la dobló a saco... ¡¡¡¡Ayyysss!!! ¡¡Qué dolor!! Hombre, yo la verdad es que no reaccioné demasiado bien, porque estaba más pendiente de ver dónde ponía las manitas el buen señor que de hacer lo que me pedía. Conclusión: "Guapa, no tienes ná, quítate ya la cosa ésa y sal corriendo de aquí".

5º Mmmm, después de aquéllo, no las tenía todas conmigo. Quiero decir: estaba contenta porque no tenía nada roto, pero yo no me veía echándome a correr, pa que vamos a engañarnos. Durante aquella tarde lo estuve pensando y al día siguiente, pedí cita con un traumatólogo de aquí del barrio, en la Clínica Carpetana, a la que llego andando, con muletas y todo.

Este segundo traumatólogo me vino a decir lo mismo que el primero, pero echó mejor las cuentas y me dijo que tenía que reposar un poco más: no era necesario que me echara a correr inmediatamente (todo se andará, nunca mejor dicho), mientras tanto tenía que ir a ver al médico rehabilitador.

6º Total que ya, a la semana siguiente, me fui a ver a un médico rehabilitador en Acacias (otro de estos especímenes de brazos musculosos recubiertos de vello... ¡Horreur!) que me reconoció la rodilla a distancia (me decía "mueve esto, levanta aquello"), cosa que agradecí, porque no me hubiera gustado que me pusiera la mano encima: será que soy rara, pero no me mola nada esto de que los médicos (de brazos peludos y musculosos) pretendan moverme la pierna cuando ni yo misma puedo.

Este rehabilitador me dijo lo que ya me habían dicho todos los anteriores: que tenía que ponerme con la rehabilitación, que el cuádriceps derecho lo tenía muy atrofiado de no haberlo movido en tanto tiempo y hala, arreando que es gerundio. A la consulta de éste tengo que volver cuando termine la rehabilitación... A ver si hay suerte y no me manda más sesiones...

7º Y finalmente, logré apuntarme a rehabilitación en la Clínica Carpetana, y tengo la suerte de que el servicio de rehabilitación me queda a cinco minutos de casa, ¡está al final de la calle! Pero probablemente, mis pupas en rehabilitación os las cuente en el siguiente post...


[Fotos:1) Una mesa de RMN muy parecida a donde me pusieron a mí, 2) Foto de jeringuillas de heparina, cortesía de atyourcervix.blogspot.com, 3), 4), 5), 6) y 7) Diferentes tomas de la RMN, de mi rodilla del CD que me regalaron... No sé si puedo daros más detalles: voy a mirarlo de nuevo en el CD y si encuentro algo más, lo pongo].


lunes, 21 de julio de 2008

Accidente rodillero (continuación)

Prometí que os iba a poner al día vía blog de lo que fuera pasando con mi rodilla derecha (como ya os he dicho en el post anterior, ella ya casi forma una entidad independiente... ¡Hace lo que le da la gana!), pero las cosas han sido un poco agobiantes desde que llegué a Madrid: ¡casi no he parado de trabajar! De algún modo, eso no deja de ser buena noticia, aunque a todo aquel que le digo que no he pedido la baja me ponen caras raras... Debe ser que o bien yo soy muy sufrida (o muy vaga, de no preocuparme por hacer el papeleo correspondiente) o la gente está muy acomodada (o son muy apañaos, y sí se ponen manos a la obra con la burocracia)...

En fin, después de mis dos (1 & 2) pequeños incisos futboleros (imprescindibles, por otra parte), me he enterado porque muchos de vosotros me lo habéis dicho, que os impresioné con la foto de las dos rodillas... Supongo que para cuando esté curada definitivamente, tendré que hacérmela de nuevo, para demostrar que sí era lo que parecía...

Había dejado el hilo de los acontecimientos en Basilea, yo yendo de aquí para allá, en tranvía o a pata, con las muletas alquiladas en la farmacia (todos los suizos me ponían cara de pena al decirme que no podían dármelas de gratis porque no vivía allí... Parecía que casi les daba pena que no lo hiciera, jeje). Terminó el trabajo y yo me quedé allí incluso durante los cuartos de final de la Eurocopa, porque así es como lo había planeado en un principio, porque ¡pretendía hacer turismo durante ese último fin de semana! Después de aquel fin de semana, por fin tocó poner rumbo a Madrid de nuevo. Yo estaba un poco nerviosa por el viaje (¡menos mal que no iba sola! De haberlo tenido que hacer sola, no sé si habría podido...), porque no sabía cómo iba a manejarme (sobre todo porque tenía que dejar las muletas a Carlos para que las devolviera él), pero al final no fue la cosa tan estresante. Antes de ponernos en marcha, tomamos el café con Zach y Emma, que acababan de salir de su clase de alemán y ni siquiera me dio tiempo de despedirme de Carlos, porque le pusieron una reunión sorpresa de última hora y nos marchamos justo cuando él nos estaba buscando porque acababa de salir. En cualquier caso, cogimos el autobús para el aeropuerto de Basel y, al llegar, los de Easyjet no nos pusieron ningún problema, cosa que me sorprendió muy positivamente. Yo pensaba que iba a tener que sacar allí todos los papeles del hospital, radiografía incluida y ¡qué va! En cuanto les expliqué el asunto, me hicieron facturar rápidamente y me dijeron dónde tenía que esperar al empleado del aeropuerto que me llevaría en silla de ruedas hasta la puerta de embarque.

El tipo tardó un poquillo, pero me vino muy bien que me pasara el control de policía (lo único es que una francesa enorme tuvo que cachearme, pero lo hizo con mucha delicadeza) y me llevara hasta la puerta. También tenía miedo de cómo me las apañaría con la marabunta que siempre se forma en las puertas de embarque e Easyjet (como sabéis, no hay asientos asignados, así que consiste en a ver quién llega antes y se puede sentar). Por suerte, a mí me dejaron subir la primera y me senté en la primera línea, que tiene más hueco pa las piernas.

El problema, cómo no, surgió una vez llegamos a Madrid, porque los de Barajas se hicieron los locos cuando los de nuestro vuelo les dijeron por radio que necesitaban una silla de ruedas y el resultado fue que me pasé esperando dentro del avión después de aterrizar casi media hora. Las azafatas fueron muy amables en todo momento, pero al final me tuvieron que pedir que saliera andando ¡porque tenían que volar de vuelta a Basilea! La tipa malcarada que vino a recogerme con la silla de ruedas encima empezó a despotricar contra la compañía aérea, ¡incluso diciéndome que debería denunciarles por no haberles avisado a ellos!

Por suerte, fuera nos estaban esperando mis padres con las muletas de mi hermano, que me han acompañado desde entonces, aunque ahora las saco de paseo por turnos, porque ya voy sólo con una.

A partir de aquel momento, empezó la odisea de médicos, que no ha sido demasiado traumática en parte gracias al seguro de Sanitas y en parte gracias a la efectividad de mi padre con estos temas y que os cuento en el próximo post.

[Fotos: 1) La accidentá en el aeropuerto: no os imagináis lo bien que funcionó la táctica de ponerse la camiseta de Suiza para volar. A los suizos les molaba verme con la banderita. Aparte de todo, me compré la camiseta porque me mola ese color rojo tan intenso: pareces de la Cruz Roja, sólo que al revés, 2) Zach y Emma en el restaurante italiano, foto cortesía de Olga, 3) Lo que se veía desde mi asiento del avión... Todavía se veía el cartelito del aeropuerto, 4) Pista de aterrizaje ¡a punto de despegar!, 5) Las muletas de mi hermano... Por lo visto, se llaman Paulina y Pamela... Yo no sé si sus tocayas serán iguales, pero mis acompañantes son más bien torpes: ¡se caen todo el rato al suelo y entorpecen el paso de todo el mundo!].